Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Francisco Bautista Gutiérrez
Última actualización 17:59
Martes, 27 septiembre 2016

Monólogo de un político · Francisco Bautista Gutiérrez

Marcar como favorita

Y lo soy porque gobierno y soy gobernado, porque manipulan mi mente y manipulo la de todo aquel que me escucha, sea monárquico, demócrata o republicano. Hablo de política y de globalización porque estemos o no familiarizados con el concepto, tenemos que asumir que ambos han entrado en nuestras vidas, solo que no como una moda pasajera, sino como algo que se va a quedar permanentemente con nosotros, y esta es una de las razones por las que cuando hablo de política no me limito a lo que nos rodea: corrupción, mentiras, casta, sino que debo conseguir que se abran las mentes y aceptar  que no podemos encerrarnos en un cercado, que  con la globalización y sin separar los otros aspectos que trae aparejado, como la cultura, la tecnología, la economía, nos vemos obligados  a abrir nuestro conocimiento, porque  es tan amplio, vamos tan rápidos que nuestras instituciones, el pueblo, nadie comprende que tienen que avanzar y agarrarse al cambio que estamos sintiendo día a día.

 

Y es que yo, como político y conmigo toda la sociedad, nos enfrentamos a escenarios cambiantes, profundos y rápidos, cambios fuera de lo normal, nos tenemos que aclarar y no confundir los valores que nos han inculcado desde nuestro nacimiento con los principios que debemos acatar, porque no es lo mismo, el valor tiene relación con el instante y con la economía, es verdad, en otra época, el valor se media más en tiempo y menos en dinero como ahora, mientras que los principios son otras cosas, son indiscutibles y evidentes y sobre todo, impersonales.

 

Digo al pueblo que tanto los valores como los principios son consecuencia de la educación, mejor aún de la cultura y que ayudan a la convivencia y a la adaptación proporcionando respuestas y soluciones a los problemas cotidianos. Pero no les vale, el carácter del español, pesimista por naturaleza no nos lo  permite, salvo cuando leemos nuestra historia por completo, con sus logros y miseria.

 

Pero volvamos a la política, no les valen las promesas, no necesitan que les regalen palabras rimbombantes, necesitamos autoridad, con independencia del valor del que la emita, una autoridad moral, ética que construya más que convenza porque es cierto que la política camina de la mano de la globalización y que esta permite un desarrollo económico mayor, pero también es verdad que acrecienta la diferencia  entre unos y otros, entre los que progresan y los que se estancan y a esa situación debe adaptarse el político desarrollando una inteligencia social que comprenda y motive a las personas  y todo esto con rapidez, porque los hechos se suceden vertiginosamente, no ha pasado tanto desde que Agenor y Telefasa engendraron a Europa, ha transcurrido mucho si, pero poco en el desarrollo de los acontecimientos.

 

Veo en su rostro la indiferencia y entonces pienso que deben abrirse, adaptarse al nuevo modelo y también integrarse en estos espacios, el que está formado por los países europeos, pero también en el Oriental, en el Latino, en los países emergentes como Rusia e incluso en los que esperan su desarrollo como Africa, Asia, porque no podemos madurar ni crecer si no nos abrimos a otras culturas, a otra forma de ser.

 

Los veo aburridos además de indiferentes,  y asi no puedo crecer y les hago llegar entonces una propaganda simplista para contagiarlos rápidamente de propuestas que saben inconcebibles pero a ellos les gustan las cosas vulgares, convenciéndoles, o tratando de convencerles que lo único verdadero es lo suyo. Tenemos que huir de estos ciudadanos que tratan de concentrar en ellos todo el odio, olvidando que la historia de los pueblos no está escrita solo por los malvados, sino por todos los hombres y mujeres.

 

Todos iguales, los teóricos pintan poco en la realidad, lejos queda Kant, fundamentando sus ideas en un gobierno libre, representativo y separando los poderes, un gobierno que estrecharía los lazos comerciales entre estados, todo ello basado en unas obligaciones morales.

 

En cualquier caso, les digo que nuestra sociedad tiene que cambiar, no solo el pueblo, indiferentes, también los poderes, los políticos más que nunca han de ser los referentes del pueblo y para ello, tienen que modificar sus hábitos costumbres y pensamientos, alejar la idea del círculo cerrado, a los enemigos, terrorismo, enfermedades infecciosas, paro, etc. solo  se pueden vencer desde la unidad.

 

Me escuchan bostezando cuando les digo que aprendamos de la historia que no ha sido fácil, que hemos vivido guerras, peste, fuego, muertes y la única forma de no volver a la misma  es la unidad, la cooperación, el no luchar por algo que redunde en beneficio de uno solo.

 

Soy un político, bueno o malo es lo mismo, que proclamo una revolución y al escuchar esa palabra abren los ojos, porque lo hace uno y luego todos dejando a un lado las emociones. Y en eso me baso, en buscar su confianza para que me sigan.

 

Ante la indiferencia utilizo los medios a mi alcance, en las redes y medios de comunicación, si los manejo bien se que la gente me seguirá, es lo mismo lo que les prometa, en épocas anteriores utilizaría la mano dura, pero ahora se que me seguirán si anulo sus ideales, si los convierto en consumidores de palabras vanas, si les hago tener miedo al hacerlos conformistas.

 

Soy un político, poderoso, fuerte y que no piensa en crisis, ni en la economía aunque hable repetidamente de ella, de soluciones y haga propuestas incansables, no pienso en educación, no quiero, a pesar de que hable de un mundo en el que ese sea el caballo de batalla y sin creer, les digo que nos interesan unos jóvenes preparados para que se queden aquí y nuestro relevo sea más inteligente que nosotros, les hablo de personas, se me llena la boca y les veo prestar atención cuando ofrezco lo que se no les voy a dar, pero que suena con fuerza porque se que el hombre tiene temor a la incertidumbre, a la inestabilidad y que el miedo le hace agarrarse a la palabrería.

 

En  fin, seré un político, para unos antiguos y para otros de corte moderno, es lo mismo, me es indiferente, a mi lo único que me preocupa es seguir siendo un político, encontrar un partido que me llame.

Crónicas de un Pueblo • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados.