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Manuel García Cienfuegos
Sábado, 3 septiembre 2016

Las pastillas Pico Pico

El tiempo no pasa por los sonidos y la luz que dejan los cohetes en la noche de los fuegos. No pasa por la ducha sobre los cocos para que estén húmedos y fresquitos, en un puesto de la Feria. Ni por la música de los coches eléctricos. Tampoco por el mosquero de los turroneros. No pasa por los camareros con la tiza blanca en la oreja.

La Caseta Municipal de la Feria en el cine Emperatriz de verano. Los melones que llegaban cargados en los carros, que luego eran lanzados a mano, uno a uno, hasta el balcón de los doblaos de las casas. Fernando Alvarado Pascasio, que fue director del colegio Virgen de Barbaño. La visita que hizo a la fábrica de Corchero el entonces príncipe Juan Carlos de Borbón. El herradero del veterinario don Jacinto Sánchez, que estaba en la plazuela del Conde, en el que trabajaban Pedro, José y Antonio Macarro, junto con Alonso y Cipriano Rodas. Julián Mojedano presentando el espectáculo “Ventana de Andalucía”, en el atrio de la iglesia, el último día de la Feria, del que era director artístico Ernesto Cerezo. Las actuaciones de Acción Rock Band, Tangas of Brazil, Paco Gandía, El Lebrijano, El Perro de Paterna y el Niño de Peñarrubia en la Feria. Las medias con costuras. La cuestación el día de la Banderita en la Feria. Las mujeres haciendo encajes de bolillos.

Rodrigo Sánchez Campos que le tocó la quiniela, una de catorce, premiada en el año 1959 con ciento setenta y cinco mil pesetas. Blas Quintana Gragera, que decía que la compra a plazos era la rinomicina del catarro económico. Lolo, Miguel, Vinagre, Holguín, Adolfo, Aunión, Pedrito, Barrera, Juanito, Domingo y Mario, jugadores de la U.D. Montijo. Tomás Holguín Pedraja, ganador de un concurso de mecanografía en la Feria, seguido por los hermanos Alejo y Santiago Mendo Galán. El maestro Antonio López que ataba con una cadena el Seat 600 que tenía a uno de los árboles que había junto al herradero de la plazuela del Conde. El baile por sevillanas en la Feria: “Me casé con un enano, salerito, pa jartarme de reir. Ole ahí ese tío que va ahí”. La gestoría que tuvo Ruperto Menayo, en la que trabajaba Rafael Ramos y Manolo Hernández. Los juegos en la plazuela de Jesús durante la Feria: carreras de canguros, la cucaña, concurso de los dulces y la sartén del dinero, entre otros. Los muchachos subidos en los montones de tierra empujándose con los codos y diciendo: “Fuera de mi castillo que es amarillo”. El coro parroquial dirigido por el sacerdote Antonio Bayón cantando en la novena y el día de la Virgen de Barbaño.

El olor a soga y esparto de La Valenciana. La morera que había en la huerta de Luis Ruiz, conocido cariñosamente por el vaquero. Los carteles en las casetas de Feria que ponían: servicio de camareros y paso al baile. La carrera infantil de cintas en bicicleta en el atrio y la de cintas a caballo en el ejido de las eras con motivo de la Feria. El premio que se daba a la pareja que mejor bailase un tango durante la verbena que se celebraba en la Feria, en la plaza de España. Las manzanas, los chupes y los martillos de caramelo en la Feria. “En los carteles han puesto un nombre que no lo quiero mirá, Francisco Alegre y olé, Francisco Alegre y olá”. La clínica que tenía José Luis Rodríguez Caballero en la calle Macías de Porras, buen médico y una gran persona. Cuando nuestras madres nos decían: sigue llorando que como yo vaya vas a llorar de verdad. Las pastillas Pico Pico, que fabricaba Pedro Juan Cortés, con diferentes sabores, entre otros, a plátano, naranja y limón. Los muchachos con un pañuelo atado a la rodilla para que no se le viera la herida que se habían hecho por una caída jugando a la pelota. El espectáculo “Pasos y coplas”, agrupación compuesta por renombrados artistas del género folklórico, en la Feria, en la plaza de España. Las caligrafías inglesa, redondilla y gótica que hacían los alumnos en la escuela de son Fausto Ardila Merchán. Agila p’lante que estamos achicharraos, chacho.

 

 

 

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