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Elisa Martín
Última actualización 15:28
Viernes, 5 agosto 2016

El liderazgo personal de Ara Malikian

He tenido la suerte de ver dos veces en directo a Ara Malikian, el extraordinario violinista de origen libanés y ascendencia armenia. Y este lunes volveré a escucharlo de nuevo en un escenario incomparable: el Teatro Romano de Mérida. Me maravilla. Hace lo que quiere con el violín: salta, se tira al suelo, corre por el escenario, lo toca del derecho y del revés... y  con una indumentaria que nada tiene que ver con el clásico concertista. Él viste como quiere, literalmente, lo mismo va de frac que con botas, zapatillas de deporte, vaqueros o look de pirata caribeño. Eso sí, siempre con  una indomable melena larga y rizada que hay momentos que le tapa toda la cara. Es absolutamente rompedor en todos los aspectos. Da desde conciertos en la calle y  talleres de cuentacuentos para niños, hasta interpretaciones espectaculares en grandes teatros acompañado de las mejores orquestas. Interpreta lo mismo Vivaldi que Paco de Lucía y compone su propio repertorio. Es un músico admirado internacionalmente y tiene millones de seguidores. Ofrece más de 450 conciertos al año, en más de cuarenta países y maneja hasta diez espectáculos a la vez. Es brillante.


El año pasado, trajo su espectáculo “15” al  teatro López de Ayala de Badajoz, en el que alternaba su arte con anécdotas de su vida... De repente empecé a verlo de otra manera. En cada historia revelaba sus miedos, las inseguridades que le han acompañado en los pasos que iba dando, su admiración por otros músicos a los que veía como genios, las decisiones equivocadas que tomó en ciertos momentos, la improvisación con la que había salido de algunos atolladeros, cómo se veía a sí mismo cuando formaba parte de serias orquestas. Todo ello contado con mucho humor, naturalidad y una gran dosis de modestia. Cuando tenía 15 años dejó el Líbano y  sólo sabía tocar el violín y se dedicó a ello para ganarse la vida. Después de mil peripecias (que tenían toda la gracia), ahora todo el que lo ve lo percibe como un genio.


¿Qué ha pasado? No ha tenido una vida fácil, ni mucho menos. Él mismo se define como refugiado, que tuvo que abandonar su tierra. Escuchándolo pensé que estaba ante un caso extraordinario de liderazgo personal. Alguien que ha creído de verdad en sí mismo, sin perder el foco, aprendiendo de sus errores y siempre dando los pasos necesarios hasta encontrar su sitio. Y así, ha conseguido el respeto y la admiración del mundo entero. En una entrevista le preguntan qué es lo más difícil de tocar el violín y contesta textualmente: “Emocionar a la gente. Es muy complicado tocar a la perfección porque requiere de mucho sacrificio y estudio. Pero creo que el público no busca la perfección, lo que busca es conmoverse y emocionarse y eso no lo consigue la técnica sino el alma y el corazón”. Eso es lo que vi ese día. Vi su alma en el escenario.

 

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