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Mari Ángeles Galea Gragera · Montijo
Última actualización 10:38
Lunes, 1 agosto 2016

Una carta al cielo, para mi ángel · Mari Ángeles Galea Gragera · Montijo

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Es difícil describir en unas líneas lo que siento, porque ya no estás en cuerpo. Pero si está tu espíritu en nosotros, conmigo y te siento en mi corazón; vives en él y así será eternamente. No puedo abrazarte, no puedo besarte, no puedo decirte cuánto te quiero. Pero lo sabes…

Una lágrima cae cuando te recuerdo, fuiste lo mejor para mí. Nuestras largas conversaciones en la "camita", nunca las olvidaré y tus consejos nunca los dejaré.

[Img #61263]Te fuiste llena de amor y bondad, llevabas tu sello personal que te distinguía y te caracterizaba, fuiste nuestro pilar, nuestra fortaleza, tuviste un gran espíritu, eras una guerrera, una luchadora. Tu Fe, era admirable, esa energía poderosa, capaz de traspasar barreras, recorrer distancias, era tu gran combustible, entre muchas más de tus cualidades,  aportaste a todos lo que podías y más....

En tus últimos días por este mundo te veías tan distinta, tan frágil, tan vulnerable, tan indefensa, con tu memoria como la de un rompecabezas, en el cual no encajaban algunas piezas, y yo con ganas de lanzarme a lo más profundo de tus pensamientos...

Cerrando los ojos puedo acariciar tu alma y recordarte tal como eras, sólo se fue una parte de ti la que yo podía tocar.....

La mejor mamá del mundo, la mejor abuela, y la mejor amiga que podía tener. Nada de lo que me enseñaste quedará en el vacío, sólo hay separación de cuerpos, pues nuestros corazones jamás estuvieron más unidos que ahora.

Las lágrimas caen por impotencia, por no haber podido curarte esa enfermedad y sacarte de las complicaciones que se presentaron, muchas de ellas hasta increíbles. Quiero que te lleves esta carta hasta donde estás. Al lado de nuestro Señor. Y cuando no tengas nada que hacer, léela y sonríe, pues en nuestros principios eres fundamento de vida, y es que aprendí que "no es más grande quien más ocupa sino, quién más vacío deja cuando se va".

Las lágrimas son muestra de dolor, pero en mi corazón sólo tengo paz, al saber que estás en mejor compañía y para eso son las lágrimas, para borrar el dolor y sacar la sonrisa, como a ti te hubiese gustado, siempre sonriente, que nadie te llore.

Quizás se me olvidó decirte: perdóname abuelita por este último sufrimiento, hubiera querido hacer más.

Cada vez que respire, te recordaré, siempre te recordaré. Así como yo estoy en tu corazón, tú estás en el mío. Y mi corazón por ahora sufre,

pero se que tú me darás fuerza para seguir adelante. Te abrazo con mi corazón.

Adiós madre querida, adiós abuelita, adiós mi viejita. La llave de tu corazón se queda comigo. Te quiere, tú niña (como me decías), de aquí a la luna y de vuelta.

Cuídanos desde allí como hacías. Tus hij@s, niet@s, bisnietos, cuñad@s… no te olvidarán! 

D.E.P.

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