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Ana María Moreno Vaquera
Última actualización Martes, 7 junio 2016 19:03
Viernes, 6 mayo 2016

Catalina Rubio Lavado, Colona de Guadiana del Caudillo

Catalina es la habitante más antigua ya que en 1950 llegó con sus padres para construir este pueblo perteneciente al Plan Badajoz. Testigo viviente de la etapa de la post-guerra española, nos relata sus vivencias donde prevalecen los buenos recuerdos … ”en aquellos años éramos muy felices porque, aunque no teníamos apenas nada, era a lo que estábamos acostumbrados y lo poquito que teníamos lo disfrutábamos mucho”.

[Img #59641]Vicente Rubio y Josefa Lavado, obreros de Mirandilla tuvieron 5 hijos: Mariano, José, Tomás y Josefa y Catalina.  Al igual que otras muchas familias colonizadoras,  se traslada a Guadiana del Caudillo en 1950 para su construcción y Catalina, la hija menor,  contaba apenas 11 años. Aquí se casó en 1960, a los 21 años, con Antonio Pozo Maqueda, también llegado de Oliva de Mérida y ha sido madre de cuatro hijos: Isabel, Tomás, Pilar y Erica... y ya  tiene 9 nietos.

 

Catalina, ¿Qué encuentran al llegar a su nuevo destino?
Sólo encontramos campo y cuatro cuadras hechas que pertenecían a las casas que se iban a construir después para que vivieran los colonos. Se construían primero las cuadras, para que en ella vivieran los obreros mientras se hacían las casas, manzana a manzana.

 

¿Cómo vivieron es primera etapa?
Se vivió muy mal, porque se ganaba muy poco, en el pueblo no había nada, sólo barro. Para comprar cualquier cosa teníamos que ir a Montijo, aunque fuese a por un poco de carbón, porque la “semanada” no “diese”para más. Yo con 11 años no podía trabajar, porque aquí había trabajo sólo para los hombres. Pero las niñas teníamos que ir a lavar a los canales y a los charcos, a coger agua para lavar en la panera.

 

¿Cómo eran las casas?
Nosotros vivíamos en las cuadras y no teníamos apenas nada. Un baño para lavar, las tablas de la obra servían de mesa para guisar, sin brasero para calentarnos. Las cuadras no tenían puertas, ni cortinas, ni habitaciones,  ni nada. Igual que vemos ahora en la tele esos países que se pasa tan mal, así estábamos aquí los niños, descalzos, medio desnudos y medio sin comer.
Las primeras casas que se dieron fueron para los colonos. También había barracones y, una vez que se terminaron las casas, nosotros vivíamos unas veces en barracones y otras alquilábamos una habitación en casa de algún colono. Así vivimos muchos años.

 

¿De dónde procedían los colonos que iban llegando?
Los colonos empezaron a llegar en 1952-53, procedentes de Fuente de Cantos, Jerez de los Caballeros, Helechosa, Villarta, Barcarrota.

 

¿Qué les unía?
No teníamos nada, pero lo poco que teníamos lo compartíamos. Nos queríamos mucho y nos llevábamos muy bien, porque antiguamente era esa “querencia” con las personas, mucho más que hoy. Se pasaba mucha más necesidad pero estábamos más unido.

 

¿Cómo han ido formando el pueblo?
 Poco a poco fueron haciéndose más casas y fue llegando más gente. A veces, algunos llegaban antes de que estuviesen acabadas las casas y se iban a vivir a Valdelacalzada o se quedaban aquí en barracones, hasta que se les acababa su casa. Mientras tanto, ya tenían la parcela para ir trabajando. En 6 o 7 años ya el pueblo era otra cosa, porque se terminó la iglesia y el ayuntamiento. Era un pueblo pequeñito, pero ya era pueblo.
En esos años nosotros trabajábamos todos en la familia, con el tiempo nos fuimos casando todos los hermanos y nos fuimos separando, porque a unos les dieron casas en Ruecas, a otros en Valdehornillos y mis padres también se fueron a Ruecas. Yo fui la única que me quedé aquí.
En 1977 nos dieron a mi marido y a mí nuestra casa, la parcela... un poco antes.

 

¿Cómo era un día de trabajo?
Nos levantábamos muy temprano porque teníamos que ir andando hasta el lugar de trabajo, a varios kilómetros. Trabajábamos en el algodón, el pimiento, el tabaco, que entonces había muchísimo aquí.

 

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¿Trabajaba toda la familia?
Mi familia, después de acabar las casas, seguimos aquí, trabajando en el campo. Entonces se trabajaba desde niño y trabajábamos todos, porque había mucha necesidad y también había trabajo. Yo estuve sirviendo muchos años en casa de unos señores de Montijo, porque prefería trabajar en el servicio que en el campo.

 

¿Había diferencias en el trabajo por ser hombre o mujer?
No, trabajábamos todos en el campo por igual, aunque los hombres siempre han sido más fuertes para el campo, había mujeres igual de fuertes que los hombres.

 

Consecuencia del plan Badajoz existen los pueblos de las Vegas Bajas ¿pros-contras? Gracias a que estos pueblos se empezaron a hacer hubo trabajo para mucha gente de los que vivíamos en los pueblos viejos y donde pasábamos mucha necesidad. Algo malo fueron las malas condiciones que había para los obreros cuando llegamos aquí. De todas formas, en aquellos años éramos muy felices porque, aunque no teníamos apenas nada, era a lo que estábamos acostumbrados y lo poquito que teníamos lo disfrutábamos mucho.

 

¿Echó algo en falta del plan Badajoz?  
Hay muchas cosas que se echan en falta, se deberían haber hecho fábricas, porque en estos pueblos no tenemos nada.


Hasta hace muy poco dependían de Badajoz, ahora ya son independientes. ¿Cree que les ha cambiado a sus habitantes?   
Lo que ha cambiado es que ahora se pagan muchos más impuestos.  A nosotros nos ha ido muy mal. Nosotros, por ejemplo, ahora pagamos mucha más contribución. Además, para conseguir la independencia, hemos perdido parte del término municipal y ha habido que ceder las mejores tierras del pueblo a Badajoz y a nosotros nos han quedado las peores tierras.

 

Nombrada Guadianera del año ¿Qué sintió?
Muy contenta. Aunque no soy una persona de salir a fiestas y ferias, me gusta mi pueblo y estoy muy feliz de que se hayan acordado de que soy la persona que lleva más años viviendo aquí.

 

Independientemente de la modernización de este casi siglo de existencia del pueblo ¿en qué ha ido evolucionando?
Ha ido evolucionando igual que en todas partes, hay otra enseñanza y otra cultura. Por ejemplo, cuando yo llegué aquí no había colegio, pero mis hijos ya sí pudieron estudiar hasta lo que les pudimos dar.
En cuanto a los vecinos, ahora viven más independientes, ahora todo el mundo vive más en su casa, con la televisión y la tecnología. Antes había otro cariño y para divertirnos nos juntábamos unos con otros. Además nos ayudábamos más entre los vecinos. Esas cosas hoy se han perdido.

 

¿Qué piensa de los que desean quitarle al pueblo parte del nombre ?
Yo pienso que  Franco aquí ha sobrado siempre, con Guadiana es suficiente. Franco, entre otras cosas, aquí puso poquísimo. Nos dieron las tierras y nos las han cobrado 20 veces más de lo que valían. El canal principal se hizo con los presos que se traían de toda España, eso lo he visto y lo he vivido yo, de ir trabajando con el pico y la pala, con los pies encadenados para que no se escapasen. No era pagado el jornal, era a base de látigo. A nosotros no nos dio nada nadie. A los colonos primeros, después de cederles las tierras, el instituto se llevaba tres cuartas partes de las cosechas directamente de la era. Mucho peor que lo que es hoy en día una hipoteca. La prueba está en que si quieres vender la parcela tienes que pagar la deuda que tengas todavía en la casa, como fue el caso nuestro, que podríamos estar pagando todavía, pero para poder vender la parcela, en el año 2002, tuvimos que pagar algo más de dos millones de pesetas, que era lo que faltaba de la casa.
    


Quitaron la placa conmemorativa de la inauguración  de la fachada del ayuntamiento por la noche ¿qué le parece? Yo creo que lo tenía que haber quitado el alcalde, pero no el que está ahora, si no los anteriores, que es algo que ya se llevaba mucho tiempo pidiendo.
A nosotros Franco no nos ha servido de nada, sólo de malas experiencias.


 
¿Le gusta cuando se festeja la independencia del pueblo?
Sí, me parece muy bien, porque se hace comida en la plaza para que se reúnan todos los vecinos del pueblo.

 

¿Qué le gusta más de esta fiesta?
Es una convivencia bonita, abierta a todos los vecinos. Las ferias en Guadiana siempre han sido en las mismas fechas, en San Isidro (15 mayo) y la Virgen de la Soledad (15 de septiembre). La diferencia es que antes, en San Isidro, se hacía una feria de tres días y ahora se celebra la gira y la gente se va al campo.

 

¿Cómo se disfrutaban antaño?
De Puebla de la Calzada venían personas que sabían tocar el acordeón y nosotros bailábamos en la tierra, debajo de los portales. Éramos muy felices, porque era lo que conocíamos, aunque no se le podía llamar feria, no había atracciones ni nada.  Ya cuando yo me casé y tuve niños traían atracciones y puestos y otras cosas. Antes se disfrutaban más las ferias, porque la gente se reunía más. Además, se disfrutaba más todo porque no teníamos nada.     

 

¿Un recuerdo de su infancia?
Cuando tenía 7 años y vivíamos todavía en Mirandilla trabajaba cuidando un niño por las tardes, de una familia de labradores, para que me dieran un trozo de pan con aceite para poder comer. Y, como yo, lo hacían muchas niñas en esa época.
Los niños que tenían para comerse una naranja, se las comían en la calle y muchos niños cogíamos las cáscaras del suelo para comérnoslas, porque teníamos mucha hambre. Ésa era la vida de los niños en la época de los 40, de la pos-guerra, pasamos mucha hambre. Pero después hemos sido felices, no echábamos en falta nada, porque no teníamos de nada y todo lo que íbamos consiguiendo era una alegría. Con 16 o 17 años andábamos todos los días 7 u 8 kilómetros por los caminos y los carriles de las vías, para ir a trabajar a coger algodón. Aquí se ha vivido muy mal, por lo menos hasta la década de los 60.

 

¿Cómo era la vida en casa?
Se estaba muy unido porque no había tele ni nada y cuando venías de trabajar estábamos todos juntos. Se quería la gente más que hoy.
¿Sus hijos estudiaron?
Estudiaron lo básico, arreglo a lo que nosotros les pudimos dar.

 

¿Cuáles han sido sus trabajos?
 He trabajado en muchas cosas, en el campo, sirviendo en distintas casas, después de casada cuidando los animales que teníamos, ordeñando las vacas y demás. Durante un tiempo, cuando mis hijos ya eran mayores, tuve una tienda en  una habitación de la casa. Vendíamos fruta, chuches, helados, tabaco y más productos que comprábamos en Badajoz y Montijo. También salía con un carro de mano para vender la fruta por las calles del pueblo.
Después de esto, estuve trabajando 12 años como costurera en una cooperativa de confección de ropa, en la que era la encargada y tenía 23 mujeres a mi cargo. Les enseñaba cómo lo tenían que confeccionar, revisaba las prendas para asegurarme que estuviesen bien, me encargaba de los pagos y las compras. Cuando tenía 62 años dejé de trabajar porque cerraron esta cooperativa y la trasladaron.
Y ésa ha sido mi vida, he hecho de todo menos lo que no se tiene que hacer. Trabajando mucho y siendo pobre pero sin parecerlo. Nunca le hemos dado lástima a nadie porque hemos trabajado mucho.

 

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