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Elisa Martín Crespo
Viernes, 3 junio 2016

¡Usted no sabe quién soy yo!

Querido político: tengo que decirle que me hierve la sangre cada vez que le oigo decir esa expresión (“¡Usted no sabe quién soy yo!”), porque me doy cuenta de que hemos dado el voto a una persona desnortada. A alguien que ha disfrazado sus intenciones, presentando una vocación de servicio público, para demostrar acto seguido que su objetivo era adquirir prerrogativas de antigua nobleza. En los últimos meses, la escena se ha repetido en aeropuertos, espectáculos, actos e incluso restaurantes, por parte de miembros de distintos partidos. Me parece bochornoso. Por eso he decidido dirigirme a usted.

 

Yo sí quiero saber “quién es”. Quiero saber cuáles son sus intenciones, si es una persona con verdadero interés en el beneficio de la mayoría o si, por el contrario, va buscado escalar posiciones económicas y sociales propias. Quiero saber si pretende  conseguir contactos para colocar a sus familiares y amigos y aprovecharse de los cientos de privilegios que los políticos de nuestra democracia se han ido sumando a sí mismos, legislatura tras legislatura. Quiero saber si ha entrado en política para jugar al juego de las puertas giratorias y se vislumbra en su carrera profesional saltando de unos cargos a otros, sin el riesgo de caer jamás en el vacío.  Quiero saber si tiene la vista puesta en una jubilación al estilo de “sus señorías” para no tener que cotizar 35 años ni tener que esperar a los 65 como el resto de los españolitos. Quiero saber si está dispuesto a hacer la vista gorda en las leyes que usted mismo firma, para no molestar a sus fieles votantes.

 

Dígame, por favor, quién es usted. Si es una persona capaz de apoyar a los autónomos, impulsar a los empresarios, facilitar la inversión extranjera, proteger a los trabajadores, buscar solución a los parados. Si se ve sinceramente capaz de poner en marcha un plan en el que los jóvenes cualificados encuentren el escenario para desarrollarse profesionalmente, sin tener que abandonar su país.

 

Estaría bien también saber si es capaz de ilusionarnos a todos, en lugar de dividirnos, porque esa es la persona que necesitamos.

 

Además de saber quién es, quiero saber “qué sabe hacer”, cuáles son sus competencias para este puesto, si tiene la preparación necesaria para acometer la tarea que le espera. Si tiene inteligencia, honradez, valor. Si sabe detectar y reconocer una situación adversa, comunicarla claramente a los ciudadanos y proponer una forma lógica de afrontarla. Sería importante saber si tiene un buen equipo detrás,  un grupo de personas valiosas del que sepa responder y que sepa reconducir cuando tengan la tentación de dedicar  su energía a  intereses propios.

 

Decía Winston Churchill que el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. Y yo necesito urgentemente saber quién es usted, porque en unos días tenemos que volver a votar y en sus manos está nuestro futuro.

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