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Última actualización Sábado, 7 mayo 2016 12:08
Viernes, 6 mayo 2016

Médicos y docentes sin vocación

Cuando una persona hace coincidir su vocación con su profesión se le nota de lejos. Es maravilloso que un estudiante cuyo sueño sea dedicar su vida a la medicina o a la labor docente lo consiga, con todo el esfuerzo que suponen tantos años de estudio, incluidas las oposiciones. Son profesionales que trabajan con las personas en dos momentos críticos de su vida: cuando están enfermos, con  lo que eso supone de miedos e inseguridades;  y cuando se están  formando, donde todo lo que te dice el profesor te cala hondo para toda la vida. En estos casos, se les nota la pasión y el interés que ponen, en cada paciente, en cada niño o adolescente. Son admirables. Y este artículo no habla de ellos, evidentemente.

 


Pero lo contrario es una lacra que tiene en la sociedad consecuencias nefastas. Lo leía hace poco en una entrevista con el rector de una universidad española: muchos de los estudiantes con verdadera vocación de médicos se quedan fuera porque los que tienen notas extraordinarias optan por esta carrera por su prestigio, su seguridad, su sueldo... y esos no pueden ser los motivos para elegirla. Porque después tienen por delante toda una vida sentándose enfrente de una persona enferma, y su incompetencia para atenderla es evidente: poco interés, impaciencia, falta de comunicación.  En el caso de los profesores, distintos motivos pero el mismo resultado. Los beneficios están claros: trabajo seguro, buen horario y buenas vacaciones. Los inconvenientes también son evidentes: para  lidiar con los alumnos hay que tener la paciencia del santo Job, la fortaleza de Aquiles, la bondad de Gandhi y las habilidades comunicativas de Obama. Y sobre todo, que te gusten los chicos, que los mires con cariño, tratando de estimularlos para el aprendizaje. Nada más... y nada menos. Pero todos hemos sufrido maestros sin interés, con malos gestos, aburridos y desesperantes, totalmente desmotivadores, que han transformado las horas de clase en auténtica pesadilla.  Nuestros hijos lo siguen sufriendo.

 


¿Les van poniendo cara? Nadie se libra. Y si ponen la excusa de las carencias de sistema, no es verdad. Siento decirlo tan claro. En el mismo sistema, los que son vocacionales no dejan que eso merme ni lo más mínimo su calidad profesional, aunque luego protesten donde corresponda.  Estamos a final de curso y se acerca el momento de elegir carrera para muchos estudiantes de segundo de bachillerato. Yo, desde esta  tribuna, quiero pedir a los padres  que, por favor y por el bien de los futuros enfermos y escolares, no animen a sus hijos a seguir estos derroteros si no es por un solo motivo de peso: la vocación.  Está muy bien el trabajo seguro, el prestigio y el dinero, pero que lo busquen en otras profesiones donde no influyan tan directamente sobre las personas. Por pura responsabilidad social.

 

Elisa Martín Crespo. Periodista y coach profesional

 

 

 

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