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Ana María Moreno Vaquera
Última actualización 20:21
Viernes, 1 abril 2016

Andrés Romero Sánchez, 50 años de sacerdote

El despertar religioso de Don Andrés estuvo inducido por su madre desde su infancia. Allá en San Pedro de Mérida pasa de monaguillo suplente a seminarista del San Atón en el año 54.
En el 66 se ordenó sacerdote en Badajoz cantando su primera misa en su pueblo natal .
Su primer destino fue Oliva de la Frontera, como coadjutor de la Parroquia.
En el 80, y durante casi 20 años, a “su querido” Lobón , donde fue precursor de la Pasión Viviente , compartiendo 6 años con Barbaño y 16 con Guadajira.
En el 99, como Co-párroco de la parroquia de San Pedro Apóstol en Montijo donde es el responsable de la Pastoral de la Salud.
En 2016, tras 50 años de una impecable labor sacerdotal allá donde estuvo destinado, se le conoce en las Vegas Bajas cariñosamente como Don Andrés, el cura de Lobón.

Nace en San Pedro de Mérida, el 25 de noviembre de 1940, siendo el mayor de 5 hermanos. Su padre, Lorenzo, natural de San Pedro, era obrero  y su madre Trinidad, de Montánchez, dedicada a sus labores.

[Img #57164]¿Dónde cursa durante la infancia?
Los ocho primeros años los paso en el campo, ya que mi padre se empleó como guarda en una finca. Fueron unos años maravillosos, viviendo en pleno contacto con la naturaleza. Aquellos años aprendí a conocer las plantas, los árboles, los pájaros... a oler tierra mojada, a oler las jaras. Mi primer maestro fue mi padre, que me enseñó un poquito por encima, como que se decía antes, las cuatro reglas: sumar, restar, multiplicar y dividir. Mi madre, mi primera catequista, la que se preocupó de mi despertar religioso. Ella se hacía de una hoja, “El buen amigo”, que traía el evangelio del domingo, cuentos relacionados con la religión y las costumbres y nos lo explicaba.

¿Cómo vive esta edad?
Dejo el campo y a los nueve años comienzo a ir a la escuela. Mis amigos son mis vecinos y los compañeros de mi escuela. Los juegos, los habituales de entonces: los bolindres, el repión, la entera, el pincho, el aro... cada uno de ellos tenían su época y todos tenían sus reglas, que había que cumplir, si no querías quedar como tramposo; por supuesto, todos se desarrollaban  en la calle. En verano, nos íbamos en pandilla a bañarnos al Guadiana, que cae cerca del pueblo.

¿Cuándo entra  al seminario?
En el curso escolar 1953-1954 me prepara mi, muy querido y excelente, maestro D. Celso- Jesús García Santamera para el ingreso. Apruebo el ingreso, creo que en mayo, y el 28 de septiembre de 1954, ingreso en el Seminario, comenzando mi primer curso( 1954-1955).

¿Por qué estuvo motivada su entrada?
Dios nos lleva por donde quiere de mil maneras. En mi caso fue que un día hacía falta un monaguillo para una novena y ,a mi, que estaba jugando a la puerta de la iglesia con otros compañeros, me pidieron que lo supliera, lo hice y me enganché. Pasado un cierto tiempo el párroco me preguntó si me gustaría irme al seminario y le dije que sí.
¿Otros compañeros de su entorno ingresaron también? Yo abrí camino. Al curso siguiente ingresó, mi querido e inolvidable paisano, Emilio Sánchez Saavedra, q.e.p.d.; con quien compartí durante cuatro años el cargo de párroco en esta parroquia de San Pedro Apóstol de Montijo. Después se fueron cuatro más, pero no continuaron.

[Img #57163]¿Qué supuso su internamiento en el seminario?
Iba con la ilusión de empezar a estudiar pero, cuando mi padre se despidió de mí, me entró una “murria” tal que no me hubiera importado volverme al pueblo con él.  Para colmo, al acostarnos, como no teníamos agua corriente en el dormitorio, tuvimos que ir a los baños corridos para coger agua con la palangana y allí comenzamos a hablar, sin saber que eso estaba prohibido a esas horas. Llegó el inspector y nos apuntó en una libretilla( me imagino que para meternos un poco miedo) y ¡¡¡¡Trágame tierra!!!! No dormí en toda la noche.

¿Cómo lo llevó?
Después de tres días de ejercicios espirituales, en los que no se podía hablar, y comenzadas las clases, enseguida nos fuimos conociendo y haciéndonos  amigos y la cosa fue sobre ruedas. Tengo recuerdos inolvidables: el día de la Inmaculada, el día de San Atón, el patrón del seminario, el día de San José, los días de campo, los paseos a Palomillas o al rio Zapatón con nuestro incansable D. Juan Peralta. El dar alegría a mis padres al llegar a casa con el curso aprobado...
 
¿Cómo se desarrollaba la vida de un seminarista?
Al sonido de la campana, que estaba y sigue estando en patio central. A las 7,30 nos levantábamos, nos preparábamos para la misa de 8. A las 8,30, más o menos, subíamos al dormitorio y hacíamos las camas. A las 9, el desayuno y sobre las 9,30 comenzaba el estudio,  dos horas, separadas por un cuarto de hora de recreo, más 2h. de clases. Después bajábamos al comedor y, tras un recreo, las clases de la tarde. Después una hora de estudio, rezábamos el rosario, cenábamos, y subíamos a la capillas, rezábamos las preces ( las últimas oraciones) y a las 10, en la cama. Ya he dicho que había momentos formidables. También, momentos duros. En invierno las paredes de los pasillos chorreaban humedad. Estudiábamos en grades salones y, como éramos tantos,  las ventanas tenían que estar abiertas. Como no había calefacción, el frío se nos quitaba cuando salíamos al patio a jugar. Había una máquina de cine que, por cierto, se usaba de higos a brevas, como se suele decir. Si se iba a rodar alguna película, la tenían que ver primero los superiores. Recuerdo una vez que estábamos muy entusiasmados, porque íbamos a ver “QUO VADIS” y ya a la puerta del salón, salió un superior diciendo: No se puede ver la película por la indumentaria de las artistas y, lo que prometía una tarde dominguera de película, se convirtió en un corto recreo y un largo estudio. Otro día, en mayo, estábamos gozando de un día de campo a las orillas del rio Caya, por la frontera con Portugal, y se nos ocurrió a unos cuantos bañarnos, cosa que estaba prohibida. Yo me estaba secando a la orilla, mirando a los que todavía estaban en el agua, pero ellos vieron al superior que se acercaba y se escondieron y a mí, que estaba de espalda, me cogió “ in fraganti”. El superior, que me estimaba, me dirigió aquellas palabras que dijera Cesar a Bruto cuando le dio la puñalada: “Tú quoque...?”. Lo pagué cambiándome de un cuarto independiente a un dormitorio corrido. No me quejo ni lo digo con amargura...Era lo que sucedía por aquellos tiempos en cualquier colegio de internado.    

¿Cuándo despertó a la vocación de sacerdote?
Cuando ayudé de monaguillo, creo que fue en la novena al Corazón de Jesús, quedé encandilado, pero la vocación se fue consolidando en el seminario, a medida en que fui madurando. Se dice que la vocación no se consolida hasta el mismo momento en que el obispo pronuncia tu nombre a la hora de  ordenarte y tú le das el “Si”.

¿Antes de ser sacerdote, quiso ser otra cosa?
De pequeño me gustaba eso de los soldados, la mili, y pensaba quedarme en ella. Y cómo son las cosas, luego, ni siquiera la hice. Juré como voluntario, después de seis años de sacerdote, en Ovejo (Córdoba).

¿Cuándo cantó misa por primera vez?
El 26 de marzo de 1966, día de mi ordenación, en la parroquia de San Juan Bautista de Badajoz. El Sr. Obispo, D. Doroteo Fernández y Fernández,  nos ordenó a  diecinueve condiscípulos. Luego, después del Concilio, vinieron  los años convulsos en los que la identidad del sacerdote parecía estar en el aire y de los diecinueve quedamos nueve. De los nueve, dos descansan en el Señor. Por supuesto, los que quedamos no fuimos los mejores pero, por una razón o por otra, Dios lo quiso así.  En San Pedro, canté mi primera misa el mismo día de S. Pedro, el 29 de junio de 1966.

¿El primer destino?
Mi primer destino fue el de coadjutor dela Parroquia de San Marcos Evangelista de Oliva de la Frontera, el 11 de octubre de 1966. Fue mi primer pueblo y no podré nunca olvidarme de Oliva y de sus gentes. Los oliveros son gentes nobles, trabajadores y acogedores, religiosos... Fueron catorce años muy felices.
Y después... Lobón. Si, el día29 de enero de 1980 me hago cargo, como párroco, de la parroquia de Ntra. Sra. De la Asunción de mí querido Lobón. Me identifiqué tanto con él que, después de estar aquí en Montijo, me seguían llamando el cura de Lobón. De seminarista había estado pasando unos días en él y conocía a algunos jóvenes de entonces. En él permanecí  veinte años, menos tres meses. No quiero olvidarme de los seis años que llevé, junto con Lobón, la parroquia de Barbaño y de los dieciséis de Gaudajira; dos pueblos  también muy queridos por mí. Cada uno con sus características propias. Tanto en Lobón, como en Barbaño y Guadajira, siguiendo la línea de mis antecesores, busqué siempre el cuidado del templo de piedra y el de ese otro templo de piedras vivas, que es la comunidad cristiana.

¿Puede contarnos cómo le fue allí?
Fui también muy feliz. La gente mayor me acogió muy bien. Me costó hacerme con los jóvenes y los niños. Al contrario de Oliva, los veía un tanto distantes. Lo entendí enseguida. A Oliva llegué con veinticinco años, era el más joven de los tres sacerdotes que estábamos  y me era más fácil contactar con los jóvenes y los niños y para ellos también era más fácil acercarse a mí. Cuando llegué a Lobón, tenía cuarenta años y había más distancia de edad. Pero al fin empatizamos. Con los niños, a través de la catequesis y porque  les daba clase de religión en las escuelas, y con los jóvenes, a partir de las confirmaciones, nos fuimos conociendo y haciendo muchas cosas juntos.

¿Qué implicación tuvo en La Pasión viviente?
Surgió con la única intención de que el pueblo viviese de cerca el camino de Jesús desde su condena a muerte hasta la cruz. La primera representación fue en la Semana Santa de 1985. Comenzamos con un grupo de jóvenes, que poco a poco se han ido superando. No fue solo cosa mía, fue también de las señoritas de Hogar de Nazaret: Emilia y Lola, sin ellas hubiera sido casi imposible llevar a cabo tal obra. La verdad es que lleva mucho trabajo: los ensayos, confeccionar los traje de Jesús y los apóstoles, de los sacerdotes y el pueblo... preparar los escenarios.

¿Qué es la Pasión  Viviente y cómo se representa?
Comienza el Jueves Santo con la representación de la Última Cena. A continuación tiene lugar el prendimiento en el Huerto de los olivos, el juicio ante Caifás y condena a muerte. El viernes, a las 12, se representa el juicio ante Pilato y Herodes y, por fin, la condena a muerte y salida con la cruz por las calles, siguiendo más o menos las estaciones del Via Crucis, para terminar con la muerte en la Cruz. El mejor escenario es el del Monte Calvario, viéndolo desde abajo.  Desde que estoy en Montijo, como tenemos esos días cosas que hacer, nunca la veo completa.

La Pasión perdura... ¿Sigue siendo fiel a la pretensión inicial?
Vuelvo a repetir que la intención única era que el pueblo viviese de cerca la pasión y muerte del señor, por eso no quisimos nunca hacer propaganda ni representarla en otro pueblo, como así nos lo pidieron, entre otros Montijo. Los familiares que vienen de fuera son los que han hecho la publicidad... puede que, para algunos, haya derivado un poco en lo simplemente cultural.
 De todas maneras es una catequesis que recibe el que asiste a ella. Hasta los mismos niños juegan a representar la pasión y se saben  muchos trozos del diálogo entre Jesús y Pilato y de las acusaciones de los sumos sacerdotes.

¿Ha ido evolucionando?  
Si, en principio, se representó la sentencia de Pilato y el camino y muerte en la cruz. Después, se añadió la Última Cena, la Oración en el Huerto, y el  prendimiento y juicio ante Caifás.
¿Cómo es el comportamiento de los loboneros?
Están orgulloso de su Pasión Viviente, yo diría que la mayoría la viven de verdad y creo que cada vez participan más personas: jóvenes y mayores, madres  y niños, vestidos de hebreos y actuando como pueblo.

¿Cuándo llega a Montijo?
El 25 de septiembre de 1999 para compartir el cargo de Párroco de la parroquia de S. Pedro Apóstol de  Montijo con mi paisano D. Emilio Sánchez Saavedra, q.e.p.d., siendo él el moderador; así consta en el nombramiento, dado en Badajoz el día 24 de junio de 1999, por Sr. Obispo D. Antonio Montero. Desde un principio fui muy bien acogido por los montijanos y yo me siento  muy a gusto entre ellos. Muchos me dicen que si ya me voy y yo digo que para subir a mi piso hay doce escalones y que, mientras pueda subirlos, seguiré en Montijo, luego, cuando ya no pueda subirlos, Dios dirá.

Es responsable de la Pastoral de la Salud, ¿ cómo funciona?
Si, y no digo que funcione perfectamente pero marcha bastante bien. Como en Montijo hay dos parroquias, tenemos parcelas pastorales conjuntas, interparroquiales, como son: la catequesis de primera comunión, catequesis de confirmación, cursillos prematrimoniales, prebautismales y la Pastoral de enfermos.  Tenemos divididas las parroquias en sectores y los enfermos de cada sector son visitados cada semana o cada quince días por una pareja de visitadoras de enfermos, de un grupo de unas 30 personas. Tenemos también 7 ministros  de la Comunión, para llevar El Señor a los enfermos que lo quieran recibir. Es un servicio muy bueno el que prestan los visitadores de enfermos: primero a los enfermos y después a los sacerdotes que, gracias a ellos, los vamos conociendo y les llevamos los sacramentos, cuando lo desean.

Ya ha celebrado sus 50 años de su ordenación sacerdotal ¿cómo fue el acto?  
Si. Todos los años, el día 7 de enero, todos los sacerdotes junto con nuestro Obispo, tenemos un día de convivencia. En esa convivencia se felicita a los sacerdotes que hacen sus bodas de oro y de plata, previa una pequeña memoria que hace un representante de los que cumplen los 50 y los 25 años y se nos impone un pin, representando a Jesús el Cordero de Dios, dorado a los que cumplen los 50 años y plateada a los que cumplen los 25.

Las procesiones son parte de la cultura de nuestro pueblo ¿Qué importancia tienen?
La procesiones nacieron para que sirviesen de catequesis al pueblo. Pertenece a esa casilla de la fe: “ la piedad popular”, un tanto despreciada en otros tiempos, pero después, con el Concilio Vaticano ll, ha ido adquiriendo valor. El Beato Pablo VI, en la “Evangelii Nuntiandi“ nº 40, decía: “La piedad popular refleja una sed de Dios que solamente los pobres y los sencillos pueden conocer”. Yo veo esa fe sencilla en esa mirada de un hombre o una mujer al Cristo Crucificado o a la Virgen de Los Dolores. Veo esa fe sencilla en el niño o la persona mayor que se acerca a dar un beso al manto de la Dolorosa o pasa la mano por el pie del Crucificado y lo besa. A lo mejor no sabe mucho catecismo, pero la fe está en lo hondo de su corazón.

Cáritas cumple una gran labor social como organización ¿Puede ser reemplazada?  
Todos sabemos cómo Cáritas lleva el pan a muchos hogares, que flagelados por la crisis económica, que carecen de él. Cáritas no es una  OGN más, Cáritas es Iglesia, es esencial al mismo ser de la Iglesia que tiene como fin: Evangelizar, Celebrar la fe y la caridad. La Iglesia no podrá nunca delegar esta esta acción caritativa en otras asociaciones sociales. Lo que quiere decir que no haya otras asociaciones que realicen también un papel social importantísimo.

¿Cómo ve la devoción hacia la patrona de Montijo, la Virgen de Barbaño?
De gran arraigo en el pueblo de Montijo. A veces, podemos pensar que es una devoción de solo los nueve días de la novena, pero no. Cuando me acerco a la cama de un enfermo, que parece indiferente en cuanto a la fe, veo la estampa de la Virgen de Barbaño en la mesilla, le hablo de ella y la fe aflora en unas sentidas lágrimas, que resbalan por la mejilla del que parecía indiferente.  Es cierto que tenemos que formarnos y profundizar en la fe, pero como dice también El Papa francisco en la Exhortación Evangelii Gaudum, nº120, dice: “las expresiones de la piedad popular tiene mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas son un lugar teológico al que debemos prestar atención..”

 

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