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Manuel García Cienfuegos
Última actualización 14:05
Viernes, 4 marzo 2016

Alabin, alaban, alabin bon ban

Hay cosas por las que el tiempo no pasa. No pasa por las horquillas que sostienen los pasos en la procesión del Resucitado. No pasa por la boca de un barril cubierta por un protector hecho de ganchillo. Tampoco pasa por el beso a un trozo de pan cuando éste cae al suelo. Ni por el olor a barro cocido de los hornos que había en el camino viejo de Barbaño.

El maestro Julio Quintana Bautista dando clases en el colegio Padre Manjón. Las películas del cine proyectadas en cinemascope. El grupo de “Niñas Reparadoras” que fundó la maestra Amalia Torres para hacer obras de caridad. La imprenta de los hermanos Izquierdo, en la calle Mérida, donde estuvo la oficina de la Comunidad de Regantes de Montijo. Los muchachos utilizando como portería el acceso del atrio de la iglesia de san Pedro que estaba frente a la Fonda Enrique y la Plaza de Abastos; cuando la pelota salía fuera o marcaban gol tenían que ir a buscarla más allá del bar de Aurelio Mejías, que estaba entonces en el Barrio de la Pringue. Los ceniceros dorados o plateados con la publicidad de Cinzano. Pascasio Cano, que fue jefe del Silo del Senpa, en la carretera de la estación. El Mosquito, la Guzzi y la Ossa. La expresión “hoy se ha terciao”.

Sanguino, Barril, José Luis, Borreguero, Macarro, Carretero, Antonio, Galea, Gutiérrez, Julio, Trejo, Juan María, Mariano, Juanito, Poli, Miguel Ángel, Poncho y Cabo, jugadores del C.D. Solares, que dirigía Juan Serrano Sosa. La expresión “Anda qué si tu padre levantara la cabeza”. Los camareros del Casino: Andrés Sánchez, Luis Carretero, Pepe y Antonio González, Fernando Villares, Palomo y Tomás Diez que daba pases con la bandeja como si fuera una muleta de los toreros. María, que vivía en la calle de Porras, vendiendo por las casas pastillas de jabón, colonia y productos de las droguerías de Pedro Juan y Pérez Palomo. Los niquis de verano. El morral atado a la cintura en el que se echaba el algodón que se cogía en las senaras. “Puño, puñete, cascabelete”.

La Guardia Civil con traje de gala dando escolta al paso del Santo Entierro con los fusiles al hombro, a la funerala, al descubierto, con el tricornio a la espalda sujeto por el barbuquejo al cuello. José Salazar Molina, Porrina de Badajoz, cantando en la Fiesta del Tomate que organizaba la fábrica de Invecosa. En Tejidos Agreda, hemos acumulado enormes cantidades de artículos para la temporada de invierno. Así, en su momento, apreciará usted ventajas económicas y surtidos que solamente nosotros podremos ofrecer”. Carmona, Leocadio, Arroyo, Mancha, Nando, Algaba, Pedrín Silva, Hermoso, Emilio Macarro, Val y Rodríguez, jugadores del C.D. Morante que entrenaba Bienve. Victoria, que pedía de puerta en puerta una limosna por el amor de Dios. La escuela de Antonia Huertas en el Barrio de la Pringue. Lo que yo te decía y no me he equivocado, chacho, que al final vamos de recula y cuesta abajo. Los relojes de la marca Casio con calculadora incorporada.

Come despacio que te vas a añujar. Manuel Arias, propietario del bar El Colorao, que estaba en la calle Castelar, conocido también por “El Pararrayo” porque atraía todas las chispas, quien tras decirle a los clientes lo que debían, y éstos manifestar que parecía un poco caro, él respondía: “y la copa mía quién la paga”. “Luna lunera, cascabelera, debajo de la cama tienes la cena; sol solecito, caliéntame un poquito; caracol, caracol, saca los cuernos al sol”. José Luis Martín Boyero, secretario del Ayuntamiento. Valentín Díaz vendiendo molletes por las casas. La modista Celestina González Morcillo, que vivía en la calle Virgen de Guadalupe, cerca del Parque Municipal. Los alumnos del colegio Padre Manjón trasladando el mobiliario desde el antiguo colegio del Atrio, por la calle del Conde, hasta el nuevo colegio de la calle Salmerón. Chibiribí, ra, chiribiribí, ra, chiribiribí, ra, ra, ra; alabin, alaban, alabin bon ban, Montijo y nadie más.  

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