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Elisa Martín Crespo
Miércoles, 13 enero 2016

Conversaciones políticas

Cuando personas de otros países conocen a los españoles, suelen comentar que no sabemos cambiar impresiones ni discutir de forma ordenada. Es bastante normal que nos quitemos la palabra unos a otros, en ocasiones a base de gritos y  gestos,  interrumpamos continuamente a los demás, con el único propósito de hacernos oír. Y desde luego, con ninguna intención de escuchar los argumentos que el otro  está intentando exponer.  Cualquier cosa la relacionamos con nuestro pequeño mundo y enseguida encontramos un consejo que dar, una historia parecida…lo que va dejando cabos sin atar por todos lados. Sencillamente, no nos interesa lo que van a decir los demás. Nuestro problema de comunicación es que no escuchamos para entender, sino que escuchamos para contestar. O contestamos sin escuchar. Y para colmo,  tenemos dificultades para hacernos entender, para convencer y  replicar de forma clara. Es decir, ni me explico, ni me entiendes.

 

Exactamente en esta línea transcurrió el debate entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, dignos representantes de nuestra forma de relacionarnos. El presidente de los españoles y el aspirante al título no podían ser menos, claro. El espectáculo fue un despropósito de principio a fin, una lección magistral del desvarío. Y ahora, tras las elecciones generales, nos encontramos un nuevo mapa político más plural. Nuevo para nosotros, porque para otros países europeos el pluralismo político es algo más que superado y los pactos de gobierno no plantean mayores problemas. Quien más y quien menos gobierna en coalición con uno o dos socios de otros partidos, a veces de tendencias muy diferentes,  incluso antagónicas. Mi duda es si, con nuestra peculiar forma de comunicarnos, nuestros políticos están preparados para esto. Mejor dicho, voy a ser honesta: después de haber seguido la campaña electoral paso a paso, partido a partido, creo sinceramente que no lo están.

 

En estos días de pactos, todos anuncian a bombo y platillo las “líneas rojas” que no van a cruzar, pero no da la impresión que ninguno de los cuatro partidos principales esté dispuesto a ceder la parte de pastel que le toca a cambio del beneficio del país. Para nosotros sería una suerte si consiguieran entenderse en los temas principales, sin perder el foco. Que se escuchen unos a otros, que aprendan de una vez a dialogar más allá de las aspiraciones políticas y económicas propias o del partido y que aporten soluciones reales. A ver si entre todos consiguen sacarnos de la complicada situación en la que estamos, resolviendo los tres principales problemas que tiene el país: desempleo, desempleo y desempleo. Todo lo demás es puro circo. 

 

 

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