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Manuel García Cienfuegos
Última actualización 23:19
Jueves, 3 diciembre 2015

El Divino Morales

Ante el acontecimiento pictórico que muestra el Museo del Prado, no podemos obviar el fecundo trabajo y quehacer investigador del que ha sido uno de los principales estudiosos de Luis de Morales. Me refiero a Carmelo Solís Rodríguez

 

El Museo del Prado acoge hasta el próximo 10 de enero la exposición “El Divino Morales”, que posteriormente podrá verse en Bilbao (Bilboko Arte Ederren Museoa) y Barcelona (Museu Nacional D’Art de Catalunya), gracias al patrocinio de la Fundación BBVA.

Esta muestra pretende dar testimonio de la figura de Luis de Morales, el Divino, prácticamente un siglo después de que el Prado presentara en sus salas la primera exposición monográfica dedicada al artista. Reivindicando así el trabajo y la figura de un pintor que supo sintonizar con la espiritualidad exaltada de la época.  El apelativo el Divino fue cognominado, según el pintor y tratadista Antonio Palomino, porque todo lo que pintó fueron ‘cosas sagradas’.

La muestra “El Divino Morales” presenta cincuenta y cuatro obras en cinco espacios: Iconos perdurables. En torno a la Virgen y el Niño. Pintura para muy cerca, imágenes de pasión y redención. Narraciones complejas: los retablos. San Juan de Ribera y la espiritualidad de la Contrarreforma surgida tras la celebración del Concilio de Trento (1545-1563). Junto con la exposición se han organizado varias actividades que incluyen un itinerario didáctico, un curso monográfico, tres conferencias y un concierto. Asimismo se ha editado el catálogo de la exposición.

“El Divino Morales” muestra al público las composiciones más representativas y conocidas de uno de los grandes maestros del Renacimiento español en su doble faceta de maestro de retablos y creador de tablas devocionales, muy apreciadas en aquellos años de la Contrarreforma y misticismo, solicitadas al taller del pintor por la nobleza y dignidades de la Iglesia, entre ellos el obispo san Juan de Ribera. Algunos historiadores dedican a Morales el epíteto de ser el pintor de cámara, por las estrechas relaciones artísticas que, durante sus años pacenses, mantuvo con el prelado. Muchos de aquellos retablos han desaparecido, y algunas tablas de las que formaron parte de ellos se localizan en museos y colecciones particulares.

La mayor parte de la colección expuesta ahora en Madrid procede del Prado, junto con obras depositadas en catedrales, iglesias, conventos, colecciones, museos españoles e internacionales. En “El Divino Morales”, el visitante puede contemplar dos óleos sobre tabla del Museo catedralicio de Badajoz: La Piedad y La estigmatización de san Francisco, ambos del retablo del antiguo sagrario de la catedral pacense. Porque, Luis de Morales, nuestro universal pintor, nació, vivió, trabajo y murió en Extremadura.

Ante el acontecimiento pictórico que muestra el Prado, no podemos obviar el fecundo trabajo y quehacer investigador del que ha sido uno de los principales estudiosos de Luis de Morales. Me refiero a Carmelo Solís Rodríguez (1935-2001), doctor en Historia del Arte, académico de número y censor de la Real Academia de Extremadura, correspondiente de las Reales Academias de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, director del Conservatorio de Música de Badajoz y archivero de la catedral de Badajoz.

Carmelo Solís publicó “Luis de Morales”, uno de los libros más prestigiosos sobre el Divino. Una monumental monografía que la Fundación de Caja Badajoz editó en 1999. Solís Rodríguez fue uno de los cuatro comisarios de la muestra hispano-portuguesa “Luis de Morales, a un lado y otro de la raya”, que pudo verse en el claustro de la Catedral Metropolitana de Badajoz y en el Museo de Arte Antigua de Lisboa.

En su documentado y apasionado ‘corpus moraliano’, Carmelo Solís trabaja, investiga, estudia y profundiza sobre la vida y obra del maestro de pintor que contó con una clientela, no sólo en cantidad, sino en categoría social, gracias a la calidad de su taller que dio respuesta a numerosos encargos concertados, obteniendo un notable éxito comercial.

La producción que salió del taller de Morales fue distribuida en villas y ciudades de la geografía extremeña, Castilla y Portugal. Entre ellas estuvo Lobón (Badajoz). Luis de Morales acompañado por Francisco de Hermosa, en 1552, pintaron y doraron el retablo del templo parroquial de la Asunción de Nuestra Señora. Obra que fue tasada por el pintor flamenco Estaçio de Bruselas, avecindado en Llerena (Badajoz), su contrincante en el pleito por la pintura del retablo de la parroquial de Puebla de la Calzada (Badajoz). Morales efigia en el retablo lobonero la Encarnación, Visitación, Nacimiento, Adoración de los Reyes Magos y Presentación en el templo, junto con la Quinta Angustia y el apostolado.

Intuía, Carmelo Solís, que el retablo de Lobón (Badajoz) fue echado a perder en los desmanes provocados en algunos de los episodios bélicos ante portugueses y franceses; señalando que algunas de las tablas de él se cuelgan en el Prado, presumiblemente La Anunciación y Presentación en el templo.

Cuando estudiamos la documentación para el libro “Lobón en su historia”, entre los documentos del Archivo Histórico Nacional, Sección Nobleza, Ducado de Frías, aparecieron las gravísimas secuelas que dejó en el templo parroquial el terremoto de Lisboa, ocurrido el 1 de noviembre de 1755, que destruyó el campanario, dañó la torre y demolió las bóvedas. Afirmando que del retablo se habían caído ‘algunos santos y piezas’, siendo preciso cerrar el templo. Obras que se demoraron varios años, acogiendo el convento franciscano de Santiago el culto y celebraciones. Lamento que esta percepción en las secuelas que dejó el seísmo lisboeta sobre el retablo ya no pueda conocerlas mi admirado Carmelo Solís, pues en ellas está la desaparición de la obra de Morales y Hermosa que el ilustrado viajero Antonio Ponz, años después, ya no logró verlo.

Carmelo Solís fue el descubridor de la tabla que efigia a Cristo con la cruz a cuestas que conserva el monasterio de clarisas franciscanas en Montijo (Badajoz), al que dio a conocer en su publicación “Un inédito Morales”, del que se presupone su depósito en el convento del Pasmo gracias a las donaciones del superintendente general de la pagaduría don Miguel de Zabala y Auñón, al vivir en el convento una hermana y sobrina, y al que las hijas de Santa Clara veneran encima del enrejado del coro, bajo la advocación del ‘Cristo de la reja’, siendo la abadesa madre Isabel de Jesús, impulsora de su culto.

Circunscrito a la comarca de Montijo (Badajoz) y próximo a ella, la huella del magisterio de Morales se muestra en los retablos producidos por algunos de sus discípulos en los templos parroquiales de Talavera la Real y Torremayor. Lástima que el de La Roca de la Sierra no haya llegado a nuestros días.

Luis de Morales fue durante más de cincuenta años el pintor más fecundo e importante de nuestra extensa región que disfrutó de la gloria y de la fortuna en vida y al final fue olvidado. Fue recuperado por Antonio Palomino, estudiado de manera admirable por el académico Carmelo Solís Rodríguez, y ahora expuesto a la admiración y contemplación, hasta comienzos de 2016, en el Museo Nacional del Prado bajo el apelativo “El Divino Morales”.


Manuel García Cienfuegos

Cronista Oficial de Montijo y Lobón

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