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Manuel García Cienfuegos
Última actualización 20:18
Viernes, 3 julio 2015

Pito, pito, gorgorito

Dicen que el verano llega cuando el sol se sube a los trópicos. También cuentan que cuando llegaba el solsticio, los hombres, desde hace siglos, conmemoraban la fiesta del sol. Y dicen también que el verano es época para celebrar y hacer fiestas.

Los pajaritos fritos y una anchoa con una aceituna, aperitivos que ponían en el bar El Colorao. Francisco Piñero Vaca, que fue utillero de la U.D. Montijo en la época en la que el equipo jugaba en el Campo Santa María. Los púlpitos en las iglesias, desde donde predicaban los curas. Morenito de Montijo actuando en el Salón Moderno con los “Chavalillos de España”. Blasa, que vivía en la calle Virgen de Barbaño y era la encargada de la limpieza en el Matadero Municipal. Los practicantes poniendo las inyecciones por las casas. La plegaria compuesta por doña Rafaela Guisado: “Virgen Santa, de Barbaño vienes/ y tus hijos te quieren cantar,/luz, belleza, vida y esperanza,/da a tus hijos la felicidad”. Las naranjas de ombligo. Concurso Profidén. Niño, ¿vas a tomar la mere o qué?

Montarse en los cacharritos. Portu, Manso, Sáez, Ángel, Coqui, Casquero, Morán, Moya, Gabino, Rodri, Barril, Carlos, Pozo, Romero, Flecha, Chovi, Pérez y López, jugadores de la U.D. Montijo. ¡Salud, dinero, y amor, y un largo de Fundador, que está como nunca! El obispo don Doroteo Fernández y Fernández, que bendijo la imagen de la Virgen de los Dolores, de la cofradía llamada popularmente “los amapolos”, que sale en la noche del Jueves Santo. Las bogas y los caracoles que ponía Salvador Vázquez en el bar Cinco Casas. “La casa de Quirós”, “La locura de don Juan”, “Amor y sacrificio”, “La fuente de los amores” y “El genio alegre”, obras de teatro dirigidas por la maestra doña Amalia Torres. María López Sánchez rezando sobre los herpes, conocidos popularmente como “culebros”. Un Chester sin filtro. Miguel Macarro y Mariano Aunión, maestros de los talleres de ebanistería y herrería de las Escuelas de Artes y Oficios. Las calcamonías.

El sacerdote Antonio Bayón dirigiendo la obra de teatro “Murió hace quince años”, en la que los jóvenes de Acción Católica fueron los actores. “Vaya roncha que ha dejado, se ha ido debiendo lo que no está en los escritos”. Las parejas de novios hablando en la puerta de la casa de los padres de la novia. Las habas fritas del bar El Estillero. La bicicleta del cartero Benedicto Centeno, en la que aprendieron a montar en ella los muchachos de la calle Virgen de Barbaño. Nicomedes Soltero y Felipe Cruz, que fueron algunos de los porteros que controlaban las entradas de los aficionados en el campo de fútbol Santa María. “Pito, pito, gorgorito, saca la vaca de veinticinco. ¿En qué lugar? En Portugal, ¿En qué calleja? La Moraleja. Esconde esa mano que viene la vieja”. Cuando al sábado santo se le llamaba sábado de gloria, pues así se decía: jueves santo, viernes santo, sábado de gloria y domingo de resurrección. La escuela de Juana del Viejo, que estaba en la calle de Papas.

Las sillitas que llevaban los niños a las escuelas con el hondón forrado y trenzado con tiras de plástico en rojo y blanco, en azul y blanco y en verde y blanco. El ayudante del matarí con el raspador en la mano, raspando el guarro tras ser chamuscao en la lumbre hecha con albolaga. “El tiburón de los precios”, oferta que hacían los súper de alimentación de las Hermanas López. “El estirantón que ha pegao este muchacho”. Los futbolines de Juliana Matas, en la esquina de la calle Carreras con la actual de Rafael González Castell. Juan Soltero mirando a un medio litro y diciendo, “Al aceucho mucho”. José Fernández Acevedo, conocido cariñosamente como el chato Ramas, que vivía en la calle Badajoz y repartía carbón y picón. “El cordón de mi corpiño, mi niño, que no lo puedo cortar”. “Rajanalga, que eres un rajanalga”. ¡Aguanieves y chorlitos! El fontanero Francisco Lopo Sánchez. La yegua de Pedro Julián. Si los antiguos levantaran la cabeza, chacho”.

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