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Elisa Martín Crespo
Viernes, 17 abril 2015

Hablar por hablar

Estamos viviendo, en nuestro país, momentos políticos apasionantes. Una etapa sin ninguna duda histórica, donde la aparición de nuevos y potentes partidos  está  rompiendo la tendencia que  marcó el inicio de la democracia, resquebrajando el bipartidismo de PP y PSOE y poniendo contra las cuerdas  a IU. Podemos y Ciudadanos copan titulares y UPyD agoniza sin aparente remedio. Con este panorama, las tertulias políticas están que echan chispas. Y son, en sí mismas, un espectáculo digno de analizar. Es alucinante la dinámica de estos encuentros, donde cada uno se aferra a su opinión como una tabla de salvación sin mirar para los lados ni para coger aire.

Siempre que las escucho me acuerdo del cuento del elefante y los cuatro ciegos. Es una parábola de origen indio, que cuenta como un sabio tenía entre sus alumnos a cuatro ciegos que un día le plantearon su impaciencia por conseguir la sabiduría. El maestro les puso una prueba: los mandó al bosque donde había un elefante, animal que ellos no conocían. Mediante el tacto, tenían que analizarlo y describirlo.  Cada uno de los ciegos se aferró a una parte concreta y,  al volver,  detallaron  lo que habían percibido: un elefante es como una columna (pata), es como una cuerda fina con un cepillo al final (cola), es como un abanico grande (oreja), es como una rama gruesa (trompa)….y a partir de ahí, empezaron a discutir acaloradamente. El maestro, divertido les dio el veredicto: os queda mucho todavía. Hay que aprender a escuchar a los demás y tratar de completar la realidad de las cosas.

En las tertulias en general, y en las políticas en particular, esta historia cobra vida cada día. Cada uno se aferra a la parte que ha tocado o, lo que es peor, a la parte donde está su provecho particular. Y ahí se atrincheran sin la menor intención de entender a los demás, defendiendo su interés o su ego (que suele ser tan grande como el océano). Además de los propios tertulianos, los analistas políticos,  son los que, de manera imparcial, deberían dar una idea global del asunto. Pero, curiosamente, también a ellos el ego les traiciona, y escuchando con atención, te das cuenta que lo que más les importa es demostrar que su análisis es el más agudo, que su predicción se ha cumplido, que su opinión es la más potente…. Siento decir que ninguno me convence. En ese momento siempre echo de menos a ese maestro sabio, alguien que amplíe de verdad nuestra comprensión de lo que está pasando,  nos permita desprendernos de una sola parte y podamos ver, por fin, el elefante entero. Pero creo que, mejor, voy a esperar sentada.



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