Jueves, 15 julio 2010

El tremendo dolor por la pérdida de un hijo

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Teodoro Gracia Jiménez

La muerte de un hijo o una hija es una de las experiencias más duras, difíciles y dolorosas que puede sufrir el ser humano. Un padre o una madre nunca estarán preparados para algo así, es imposible de asimilar, creo firmemente que no hay dolor más grande.

Tiene que ser algo tremendo, excesivamente duro, capaz de introducirte en un mundo oscuro y depresivo. La muerte de un hijo tiene que ser como un dolor puntual, constante, cuya intensidad no disminuye con el paso del tiempo. Los recuerdos son tan amargos que se vuelven muy dolorosos rápidamente y lo peor de todo es que se sufren, en la mayoría de los casos, en completa soledad. No es fácil salir solo de un dolor tan grande como es la pérdida de un hijo, por lo que es importante el apoyo de familiares y amigos para no perderse en la desesperanza.

Yo he conocido casos de personas que se amparan en la soledad tras el fallecimiento de un hijo, su aislamiento es brutal y tan doloroso que se pierde todo el interés por la vida. Sé positivamente que es muy fácil hablar cuando no sientes en tu carne algo tan tremendo pero desde mi solidaridad y mi sensibilidad, intento ponerme en la piel de alguien que ha pasado por algo así y pienso que es mucho más positivo compartir el dolor, buscar ayuda y consuelo en los tuyos y así será menos difícil recorrer este doloroso camino. Evitar los silencios y sobre todo, recordar siempre con una lágrima o con una sonrisa al ser querido que has perdido… ¡pero que siempre alguien acompañe en el dolor!. No puedo ni imaginarme lo dura que puede ser la realidad, lo inaceptable que puede llegar a ser y lo absurdo que pueden parecerte los buenos propósitos. Lo que de verdad deseas es algo imposible, que vuelva ese ser querido, disfrutar de él, vivir cada momento de su vida cortada injustamente, a sentir con todas tus fuerzas esa necesidad de besarle… abrazarle… porque en la desesperación, no estás por los recuerdos de los momentos felices, quieres estar con él, verlo, sentirlo y frente a eso no hay salida. Se te enturbia cualquier espacio para la esperanza. Un padre o una madre jamás tendrían que conocer la muerte de su hijo, debe ser un dolor tan agudo el que se debe sentir que estoy seguro que permanecerá inconsolable siempre. Seguro que cuando te toca padecer algo así debes sentir una sensación extraña, lo analizas, lo tocas y te preguntas si te está pasando de verdad. Buscarás cien mil explicaciones, te harás cien mil preguntas… pero el golpe ha sido tan fuerte que lo único con lo que te encuentras es en como cambia la vida para ti… te sientes distinto, piensas distinto. No existe, creo, manera alguna de describir la magnitud del dolor que debe sentirse tras la muerte de un ser querido y más aún cuando éste es tu hijo, debe ser una de las experiencias más devastadoras que una madre o un padre puede vivir y existen muchas posibilidades que se entre en un estado de profunda tristeza.

Pero hay que luchar, vencer al deterioro físico y moral que envuelve una pérdida tan desgarradora como esta y soportar, aunque sea por su recuerdo, tanto dolor, tanta incertidumbre, tantos deseos de no seguir caminando. Reconozco que el vacío es desgarrador pero hay que caminar y recordarlo siempre, cada hora, cada minuto, cada segundo porque para un padre o una madre, su ausencia estará presente siempre.

2 Comentarios
Enrique MARQUEZ GARCIA · MADRID
Fecha: Lunes, 26 julio 2010 a las 20:13
Querido Teodoro, he leído tu comentario, y como de costumbre estoy totalmente de acuerdo con tu presentación. No obstante me gustaría añadir algo más a tu estupenda presentación...
El sufrimiento es también una llamada a manifestar la grandeza moral del hombre, su madurez.
Los manantiales de las fuerza humana, brotan precisamente cuando existe la debilidad humana.
Cuando un cuerpo está gravemente enfermo, totalmente inhábil se siente como incapaz de vivir, no obstante se pone en invidencia la madurez interior, y la grandeza espiritual, constituyendo una lección conmovedora para los hombres sanos y normales.
El sufrimiento parece pertenecer a la trascendencia del hombre, es uno de esos puntos en los que los hombres está en cierto sentido destinado a superarse a sí mismo, y de manera misteriosa es llamado a hacerlo.
El hombre sufre de modos diversos, so siempre considerados por la medicina, ni siquiera en sus más avanzadas ramificaciones. El sufrimiento es algo todavía más amplio que la enfermedad, más complejo y, a la vez, aún más profundamente enraizado en la Humanidad misma. Pongamos como ejemplo (los divorcios, quién sufre ahí, los niños menores, los malos tratos, el desempleo que un padre de familia no puede ayudar a sus hijos en lo más elemental de la vida, su alimentación, la falsedad de los amigos, te dejan un camino desecho y destrozado, la mentira el falso testimonio, que te marca para toda la vida, la envidia y la injuria, todos sabemos el daño que conlleva. Podríamos hablar y hablar de todas estas vicisitudes, todos sabemos lo que significa que te señalen con el dedo, sin tener culpa algunas, hay casos de personas que están o estuvieron en prisión, acusado de algo que no hicieron, que se le pueden venir a esas personas por su cabezas.
Pero para paliar en algo este dolor tan grande de la pérdida de un ser querido, y que el mismo sea tu hijo, el sufrimiento invoca sino pausa a otro antídoto, el amor humano, es ese amor desinteresado, que a cada uno nos brota dentro de nuestro corazón con el fin de ayudar a esas personas que en esos momentos tanto lo necesitan, no solo basta con ir a misa y darle el pésame, hay que entregarse en cuerpo y alma en ayudarle lo que buenamente podemos, y es aquí donde me pregunto ¿lo hacemos, lo intentamos? leí hace poco un articulo en la prensa sobre este tema y empezaba así “Os pedimos a todos los que sufrís, que nos ayudéis, precisamente a vosotros que sois en estos momentos débiles, os pedimos que seáis una fuente de fuerzas para nosotros los fuertes, y que en realidad somos más débiles que vosotros”.
Para terminar quiero hacerlo como empecé, enhorabuena por ese articulo, que repito estoy completamente de acuerdo con tus pensamientos, un saludo tu amigo.
Enrique MARQUEZ GARCIA
Juani Sánchez · Puebla de la Calzada
Fecha: Lunes, 11 octubre 2010 a las 23:40
Me a gustado mucho tu carta porque por desgracia yo tengo ahora ese sentimiento,ese dolor, que no lo calma nada,solo ese recuerdo y ese orgullo de haber formado parte de su vida,esa corta vida de 27 años. Un saludo.
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