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Ana María Moreno Vaquera
Última actualización 16:24
Sábado, 1 noviembre 2014

Pepe Melara, diseñador gráfico

Pepe Melara, pertenece a una familia entrañable de bohemios, soñadores y artistas, como ellos mismos se reconocen. Su herencia italiana arroja un porte y trato elegante que transmite en sus obras. No en vano, variadas son sus facetas artísticas: músico, fotógrafo, compositor, diseñador,… la sensibilidad al servicio de su arte. Extremadura, Cataluña y Andalucía han sido sus destinos. De nuevo en Montijo, su imaginación de niño solitario, nos ha dejado grandes muestras de sus composiciones. Y en lo musical, acompañando a Manola Roque y a Antonio Pizarro, trabajos como “Dos voces / Duas vozes” y “De carne y verso”

¿Puede presentarse?

Nací y he vivido la mayor parte de mi vida en Montijo, lugar del que tengo muchos y muy entrañables recuerdos.

Mi padre, Ramón Melara, fue una persona muy conocida en el pueblo por su profesión. Su apellido procede de Melara, pueblo italiano cercano a Venecia. Era un hombre elegante, reservado y metódico.

Mi madre, Juana Bautista, ama de casa, de familia de labradores montijanos de toda la vida, fue una mujer muy inteligente y hábil, amante de la conversación y con opiniones de izquierdas.

He tenido cinco hermanos: la mayor, Ángela, lo fue sólo de padre y murió hace dos años. Ya en la casa familiar, yo fui el cuarto hijo varón (¡otro niño!) de quienes esperaban lógicamente una niña. Mi hermana nació cuatro años después y así nos quedamos Vicente, Ramón, Pedro, yo y María Teresa.

Con veintitrés años me fui a vivir a Cataluña con Manuela, mi novia desde la adolescencia, una persona buena y rebelde, muy capaz, inteligente y divertida, con quien he tenido una vida feliz, llena de emociones y alegrías. Y su mejor regalo, nuestros tres hijos: Pablo, Jacinto y Olmo, los tres bohemios, soñadores y artistas, con mentes creadoras y grandes corazones. De ellos tenemos unos nietos que han despertado en nosotros unos sentimientos embriagadores de cariño y ternura que estaban dormidos.

 

¿Cómo de transcurre su infancia?

Mi infancia son recuerdos... de un patio verde y blanco desde el que podía escuchar el tañido de la campana de San Antonio. Frecuentaba mucho esta capilla y no por devoción, sino para tocar un armónium desvencijado que había allí y yo había arreglado.

Recuerdo la compañía de mis hermanos. Nuestras idas y venidas incesantes en bicicleta, mañana y tarde, a los Salesianos de la Puebla. Pero era más bien un niño solitario, enfrascado en mis ideas e inventos, que me granjeaban la simpatía de mis amigos, y el terror de mi madre.

 

Centros educativos por los que ha pasado...

Pasé por  Julián Guzmán, los Salesianos, Tomás  Rodas,  la Universidad Laboral, y las Universidades  de Extremadura, Sevilla  y Barcelona, donde estudié Magisterio, Químicas y Bellas Artes, carreras que dejé a medio terminar.

De Primaria recuerdo con respeto y afecto a Don Julián, hombre severo pero justo; a los demás los he borrado de mi memoria.

Fueron muy valiosos para mí los años de Secundaria en la Laboral de Alcalá de Henares.  Allí recibí una educación de calidad con inmejorables medios materiales y humanos y allí despertaron mis inclinaciones políticas y mis intereses artísticos.

El paso posterior por la universidad me dio una mayor capacidad para entender y disfrutar la vida.

 

¿Algún recuerdos infantil que prevalezca en su memoria?

Dos, ambos con seis o siete años. El primero: los viajes que hacía de madrugada con mi padre, yendo de caza en su Vespa, aferrado a él, atravesando dehesas en penumbra que me sobrecogían con su hermosura.

Y dos: mis estancias en el campo en primavera, viviendo en un chozo con unos tíos míos porqueros, en donde pude gozar de un sentimiento de libertad que nunca más he vuelto a tener.

 

¿Dónde se forma como diseñador gráfico?

Me ha interesado siempre el mundo de las Artes Gráficas (de niño me embelesaba mirando a Juan Torres en su imprenta  camino de la escuela de Guzmán), pero mi formación profesional vino con la experiencia, en Cataluña, en donde trabajé en un estudio de diseño gráfico y aprendí las disciplinas básicas para el desarrollo de este arte: fotocomposición, fotomecánica, imprenta, encuadernación...

Después, mi dedicación toda la vida a ese trabajo, simultaneándolo con otros primero y en exclusividad los últimos veinticuatro años.

 

En su juventud no era común ser diseñador gráfico ¿cómo fue elegir esta profesión?

Es cierto, en aquella época casi no había diseñadores gráficos, pero yo creo que estaba predestinado a este oficio. Me he ido integrando en él conforme iba teniendo demanda. En 1990 abrí mi primer estudio propio, coincidiendo con la irrupción de los ordenadores en esta profesión.

¿Qué supuso esta llegada de los ordenadores?

Por un lado multiplicó las posibilidades de creación y agilizó las tareas antes manuales (pintura con pinceles, aerógrafos... dibujo  con lápices, rotrings,...) que ahora se programaban con resultados más rápidos y seguros. Por otro lado se puso a prueba nuestra capacidad creadora: los procesos manuales que antes eran lentos, nos daban tiempo a encontrar la siguiente idea. Pero ahora se resolvía en una hora, lo que antes en varios días y hubo que engrasar la imaginación para poder ir con el tren los tiempos.

 

¿Cómo fue su vida fuera de aquí?

En el año 74, ansiosos de libertad, Manuela y yo decidimos marcharnos aprovechando que ella había conseguido una plaza de funcionaria. Su primer destino fue Valls, en Tarragona. Fuimos muy bien acogidos y enseguida hicimos amigos y, aunque no me parece  acertado ni útil etiquetar el carácter de las personas por su procedencia, salvo si se busca “dividir para vencer”, aquella me pareció una sociedad civilizada y laboriosa, amante de sus ricas cultura y tradiciones y, al mismo tiempo, abierta y tolerante con lo de fuera. Allí trabajé en una fábrica de vitaminas y   tuvimos nuestro primer hijo.

Cambiamos a Madrid dos años, donde hice la mili y trabajé en la construcción mientras Manuela atendía al pequeño Pablo. Allí sufrimos los rigores de la vida en una ciudad dormitorio pero disfrutamos de la enorme oferta cultural de la capital.

De vuelta a Cataluña nace nuestro segundo hijo y, de nuevo, al cabo de año y medio, otro cambio: nos vamos a Lucena, en el corazón profundo de Andalucía, donde ella retoma su trabajo para el Estado y yo me cuido de la casa. Recuerdo a aquellas gentes, por un lado afectuosas y simpáticas y por otro de  costumbres un poco ancladas en el pasado.

Nueva estancia en Cataluña, ésta ya de nueve años, en Vilafranca del Penedés, una ciudad a la medida de muchas cosas, donde nace Olmo, nuestro tercer hijo, y donde trabajé en un estudio de diseño y como gerente de un pequeño hospital. Allí hemos dejado muchos amigos y, a menudo, vienen o vamos para no perder estos lazos de afecto que tanto nos gustan.

 

Tras ese largo periodo fuera  ¿cuándo llega a Montijo?

Fue Manuela, sin decirme nada, quien escribió a una oferta de trabajo del periódico para una fábrica francesa en Badajoz. Tras una dura selección me dieron la plaza y nos volvimos a vivir en Montijo en el año 1988.

 

¿Cuál fue la causa de su retorno?

Vivíamos muy bien en Vilafranca, pero los lazos familiares y los amistosos con nuestro pueblo siempre han sido muy fuertes. Quizá añorábamos nuestra adolescencia. También que nuestros padres  empezaban a ser mayores y a tener problemas de salud.

 

¿Cataluña o Extremadura para  vivir?

Sin duda alguna Barcelona y Montijo, con su puente aéreo.

 

Entre sus cualidades artísticas, destaca, también como Músico ¿en qué palo?

He sido guitarrista y también he compuesto y arreglado muchas canciones.

 

Pepe Melara, Manola Roque y Antonio Pizarro, un trio musical ¿cómo fue su nacimiento?

Primero fuimos amigos y luego, para divertirnos en nuestros días de asueto, empezamos a montar canciones aprovechando que Antonio había tocado el laúd en su juventud. Vimos que aquello sonaba bien y decidimos hacer un espectáculo, “Dos voces / Duas vozes” que, tras varios años de pasearlo por cien escenarios, se convirtió en nuestro primer disco con el mismo nombre.

 

¿Qué le han aportado personalmente?

Me ha dejado disfrutar todo ese tiempo de la voz de Manuela, un verdadero privilegio en directo y en primerísima fila, como yo he estado. También el haber trabajado y conocido  a mucha y muy buena gente del mundo de la farándula y el haber consolidado mi relación con Antonio, a quien considero mi mejor amigo.

 

¿Cuál ha sido su formación musical?

Aprendí a tocar la guitarra a los quince años en un conjunto en Alcalá de Henares, luego vino el solfeo con Doña Rafaela durante los veranos y, ya mayor, el Conservatorio de Montijo, donde superé primero de piano. Pero son mis innatas intuición para la armonía e imaginación para la composición las que me han permitido dedicarme a esta tarea que tantas satisfacciones me ha dado.

 

¿Cuál es su mejor trabajo musical?

Aunque el último disco, “De carne y verso”, es el más profesional, yo me quedo con aquellas canciones que le componía a Manuela y que cantábamos en la efervescencia de la Transición, por los pueblos y los barrios de Barcelona.

 

¿En qué otras facetas artísticas trabaja?

Actualmente estoy iniciándome en el vídeo.

 

“Pepe Melara y la fotografía del Puente de Alcántara”. Este monumento cacereño ha sido elegido por la guía Repsol como “mejor rincón extremeño” con la ayuda de la fotografía realizada para el concurso. Cuéntenos, ¿cómo realiza la fotografía?

La fotografía forma parte de un callejero que nos encargaron del pueblo de Alcántara  hace ya varios años, en el que se incluían más fotos, mapas, dibujos en 3D, textos... Pero ésta la hice con especial interés, pues no había conocido hasta entonces el puente romano y su visión me emocionó. Planeé volver al día siguiente e hice una primera toma a las seis de la mañana, frente a la salida del sol, desde un punto que había elegido el día antes. En ella captaba el entorno natural y el monumento a contraluz, pero la cara que me mostraba el puente estaba demasiado oscura. Así es que volví por la tarde y desde el mismo lugar, hice otra toma ahora con el puente iluminado por la luz del ocaso. Monté ambas imágenes eligiendo áreas con técnicas digitales y el resultado es el que puede verse.

 

Este concurso, que competía con la ermita de San Felices y con el que comparte el premio “ex aequo” ha tenido una gran repercusión ¿Qué le ha supuesto?

Algunas llamadas de felicitación pero creo que la foto en cuestión, aunque algo haya influido, no tiene mucha importancia en el éxito.  Sólo hay que mirar la enviada por San Felices, que no la favorece especialmente y también ha ganado. El premio se debe sin lugar a dudas a la belleza del puente y también a la labor de los vecinos en su esfuerzo por motivar a la gente para que lo votara por internet.

 

Sus hijos han heredado la parte artística de sus padres, ¿en qué aspecto?

Uno es más poeta, otro más ingeniero y el otro más filósofo, pero los tres son creativos y artistas, tienen facilidad y gusto para la expresión gráfica y son músicos.

 

¿Qué significa su familia en su vida?

Mi familia y mis amigos son lo que más valoro.

 

¿Qué le gustaría conseguir?

Mantener mi salud mejor o al menos como ahora.

 

La política en su vida ¿qué importancia tiene?

La Política, con mayúscula, es una parte fundamental de la vida, me interesa muchísimo y tengo y cultivo mi propia opción, bastante  minoritaria por cierto. Si se refiere a la  política con minúscula que sufrimos, minúscula por su altura moral y ética, en la que el más golfo es el que triunfa, pues me parece que es difícil creer que aún no se haya montado una nueva revolución francesa o rusa para derrocar a este corrupto y mezquino poder económico que nos oprime y a su fiel guardiana, la pseudodemocracia que nos gobierna.

 

Creo que está ya jubilado ¿Qué proyectos tiene?

Vivir con intensidad y sencillez estos nuevos años que tengo por delante, a caballo entre Barcelona y Montijo.

 

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