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Ana María Moreno Vaquera
Última actualización 18:54
Viernes, 6 diciembre 2013

Tomás Rodas, Director del colegio Santo Tomás

“Yo nací en la escuela…”, pocas son las personas que pueden comenzar así su presentación . Es por ello que, desde siempre tuvo muy claro que quería ser profesor y se licencia en Matemáticas en Sevilla.

Su colegio, “La Academia”, es una institución emblemática por donde han ido pasando generaciones de montijanos durante más de seis décadas En 1990, cuando se jubila el fundador, su padre, asume la dirección del centro. 

Su máxima basada en la experiencia con los alumnos es “ quien atiende, aprende”.


En la primavera de 1955, mi madre Isabel Sánchez Pinilla, ama de casa, hija de labradores Toribio Sánchez y María Pinilla, da a luz y mi padre Tomás Rodas Cordero,  maestro de escuela, hijo de panaderos Blas Rodas y Francisca Cordero, debió de poner empeño que me llamara como él. Con el tiempo nacen mis hermanas Maribel e Inmaculada. Todos en Montijo.

En la actualidad casado con María José Oliva Blanco de Puebla de la Calzada y mis hijos Isabel y Miguel llenan por completo la vida que va transcurriendo con sus vaivenes. Nos dedicamos a la enseñanza.


¿Por qué decide ser maestro?

La llama prendió allá por los 50, pues mi padre, al no haber oposiciones de maestro de una manera habitual, inicia su labor docente en su casa de la calle Carrera y en una de sus habitaciones comienza a recibir a sus primeros discípulos de Montijo, ejerciendo de maestro de escuela. Anteriormente había estado en Fuente de Cantos de interino, pero se casa y se establece en Montijo.

Y yo “nací” en la escuela. No es raro que sus primeros alumnos me recuerden cuando me los encuentro, cómo mi madre me dejaba en “el moisés” con ellos y “me mecían”. Probablemente ya empezaba a escuchar allí lo de “España limita al norte con el Mar Cantábrico...” o “los partidos judiciales”. En fin contenidos curriculares de la época.

Continuo viviendo la escuela desde dentro, estaba en algo que me gustaba y creo que se me daba bien, estoy en mi elemento y mi decisión estaba clara.


¿Fue su padre su maestro?

Efectivamente, mi padre fue mi primer maestro. Hasta los 10 años en la escuela de Primaria y con 11 años empiezo Bachillerato en lo que muchos recordarán como La Academia. Cada final de curso los de bachillerato, al no haber Instituto en Montijo nos examinábamos en Badajoz: los tres primeros cursos fue en Badajoz en el Instituto Zurbarán, los niños y en el Bárbara de Braganza, las niñas y 4º ya, en el hoy, Vegas Bajas de Montijo.


¿Algún recuerdo significativo de ellos?

Recuerdo significativo anecdótico, y lo cuento muchas veces, es relativo a los exámenes que hacíamos en Badajoz para ir promocionando de curso. Se solían hacer en dos días. El primer día, y a la hora de comer, nos íbamos todos a San Francisco a comernos el típico bocadillo de calamares y después al parque de Castelar ya que cerca de él había un parque infantil. Bueno... nosotros no sabíamos qué era un tobogán ya con 11, 12 o 13 años y allí había un par de ellos. No parábamos. Creo que a alguno se le descosió el pantalón con tanto trasiego.

El Bachillerato Superior (5º y 6º) y la posterior Reválida los hago en el Instituto de Montijo y COU (anteriormente se llamaba PREU por aquello de curso Preuniversitario) lo curso en la Universidad Laboral de Éibar (Guipúzcoa) con una beca que me dieron.

Estudios universitarios ¿cuáles y dónde? 

Acabo COU y no tengo claro qué estudiar, como dada la edad no podía ser de otra manera. Mi padre quiso estudiar Medicina, pero mi abuelo no podía sufragar esos estudios. Se conformó con Magisterio y él hubiera deseado que yo hubiera decidido el camino de la Sanidad pero no me atraía. Después, dentro de la enseñanza, me decidí por las nobles ciencias. Estuve a punto de comenzar Química en la Universidad de Valladolid pues la Universidad Laboral de Éibar pertenecía al distrito de Valladolid. Al final conseguí empezar el curso de Selectivo en Badajoz, que era el primer año de carrera cuyos contenidos servían para continuar después cualquier carrera de Ciencias. Al final me decanté por estudiar en la Facultad de Matemáticas de Sevilla donde me licencié. Entre otros profesores recibí las clases de Análisis Matemático en 4º de D. Antonio Castro que fue discípulo del eminente matemático Rey Pastor.


¿Cuándo se funda la Academia?

Eran los años 50, 60. Estaba la Escuela Privada Santo Tomás de Aquino (así reza en las cartillas de escolaridad de los alumnos, de la época) que en términos coloquiales era “la escuela de D. Tomás”. En ella se empezaba con 5 o 6 años. A los 10 se decidía si se ingresaba en Bachillerato o, por el contrario, se seguía en la escuela hasta conseguir el Certificado de Estudios Primarios con 14 años o así. Al principio solo eran de niños pues, recuerdo que mi hermana Maribel, dos años menor que yo, iba a la escuela del atrio con Dª Amalia.

En los años 50, cuando mi padre comenzó, impartía clases incluso de noche. Eran las clases nocturnas para aquellos que durante el día ayudaban en las faenas del campo con los padres. Yo recuerdo de aquella época tener 4 o 5 años e irme con él  a la escuela y hacer garabatos y siempre tengo en la memoria aquel lápiz, gordo de color rojo por un lado y azul por otro, para corregir y el olor a las virutas de los lápices afilados y las gomas de borrar.


¿Acompañaron más maestros a su padre?

Paralelamente a la escuela, surgen los alumnos que, aprobando el examen de ingreso que se realizaba por libre en Badajoz, deciden iniciar el Bachillerato y algunos seguir con los estudios de Magisterio. Y  profesores como Alfonso Villalobos, Paco Rubio, María Arrobas y Adelaida Rodríguez, entre otros, acompañan para impartir las materias de estas etapas tan distintas a las de la escuela. Creo que, al acoger esta enseñanza y ser más propia del trabajo de una academia, es por lo que se le nombraba de esta manera. La Academia era, pues, un centro donde, a la manera de clases particulares, nos preparábamos para los exámenes de los distintos cursos de Bachillerato y Magisterio que se celebraban en Badajoz al final de cada curso escolar: los de bachillerato nos examinábamos en los institutos y los de Magisterio, en la Escuela Normal de Magisterio.


¿Era un centro privado? 

En estos años era un centro privado de manera que cada familia o alumno debía pagar un recibo por la enseñanza recibida. Los precios de la época variaban según los cursos. Creo recordar de algún curso académico que un alumno podría pagar 200 pesetas  o así al mes, por la enseñanza.


¿En algún momento ha sido elitista? 

Los primeros alumnos con los que aún, a veces, recordamos viejos tiempos  me cuentan los principios de “la escuela de D. Tomás”. Había hijos de albañiles,como Jesús y Carmelo Pérez; Agustín, José o Antonio Acevedo vieron de cerca el oficio de carpintero en el taller de su padre, el maestro Antonio Acevedo o Fco. Del Viejo que ya se curtió en la Herrería de sus padres y tíos; Julián Gómez ayudando a su padre en el comercio de la esquina y así sucesivamente. También había algunos hijos de médicos,  de funcionarios como Jacinto Álvarez, que precisamente el otro día me enseñó una de las medallas que se ganó en uno de sus años por buen alumno que era e incluso hijos de maestros. Es decir, niños y niñas del pueblo  y que me perdonen los que no nombre pero a estos los veo casi a diario y mantenemos fresca la llama que prendió un día. Y así año tras año, en este sentido, al centro han ido accediendo en gran parte alumnos que ya lo fueron sus padres o abuelos, aunque esto creo que es normal en todos los centros. Y si los primeros estuvieron a gusto... pues repiten las sucesivas generaciones.


Tenía fama de “duro” ¿qué podemos entender con ello?

Los primeros años, los 50, 60 y 70, la vida no era nada fácil. En la actualidad está ocurriendo lo mismo. Para abrirse camino hay que rodearse de actitudes fuertes, con decisión. El esfuerzo y el tesón han de formar parte de la vida misma y considerarlo habitual. 

Pues en los albores del colegio, supongo que mi padre tenía que salir adelante y ofrecer un servicio con éxito y así se le exigía. Y creo que había muchas escuelas de la época que eran muy buenas. Y todas tenían un denominador común: trabajo, trabajo y trabajo. Pues en su escuela habría más de lo mismo. 


¿Su padre imprimió su carácter al centro?

Todos los centros tiene su carácter propio y yo pienso que todos intentan los mismos objetivos y se basan en la cultura del esfuerzo. Tal vez, él lo consiguió siendo muy exigente, muy celoso de su trabajo y muy responsable. Yo le he visto libretas en las que preparaba sus clases,  llenas de problemas de matemáticas resueltos, para que luego  fueran más dinámicas, más fluidas y diera tiempo a acabar los temarios y poder repasar y repasar. Eso era duro para él y para los discípulos que aprendíamos y la mayoría salíamos airosos de esos temibles exámenes libres que realizábamos, cada mes de junio e incluso septiembre, en los centros oficiales de la época. Si en los exámenes que hacíamos a lo largo de un curso, en La Academia, las notas más altas eran ochos o algún nueve, luego en los exámenes oficiales se convertían en matriculas de honor.


¿Cuándo pasa a ser Colegio?

Comienzan los 70 y la necesidad de cambio era evidente y se creó la Ley General de Educación que fue impulsada por el Ministro Palasí y estableció la enseñanza obligatoria hasta los 14 años, cursándose la EGB estructurada en dos etapas. En esta ley se incluía aparte de la educación primaria, secundaria y universitaria, la educación infantil, la educación especial y la formación profesional. La LGE consiguió, por primera vez, la escolarización de todos los niños en la educación obligatoria. Y pienso que, en estos años para que la educación fuera obligatoria y gratuita, la Administración debía acoger a todos el alumnado. Para que ello sea posible, llega a acuerdos con los centros privados que, reuniendo una serie de condiciones, se subvencionan.


Hoy es un centro de educación concertada ¿qué implica?

En estos años se produce el cambio y se realizaron obras nuevas para adaptarse a la LGE. Por un lado en 1968 se abre el Instituto de Bachillerato y, por tanto, comienza a decrecer la actividad que traía La Academia. A la vez, se estructura a partir de los 70 la Educación Infantil y Primaria y es cuando la denominación específica pasa a ser Colegio Santo Tomás de Aquino. 

Los primeros años la subvención no era suficiente para la total gratuidad. En el año 1986, se suscribieron los conciertos educativos por un período de tres años, como tránsito del antiguo régimen de subvenciones al de conciertos, y que sirvió para que los centros y la propia Administración, se adecuasen a los principios inspiradores del nuevo sistema de financiación de la enseñanza obligatoria.


¿Cuándo asume Don Tomás hijo la dirección del centro?

En el año 1990 asumo la dirección, mi padre está próximo a jubilarse. Sería en 1991 y el colegio sigue su línea con total normalidad. 

Concluido dicho periodo transitorio, los conciertos se suscriben por períodos de cuatro años, todos ellos con independencia de la revisión anual que se realiza por la Administración Educativa, a fin de ajustar el concierto suscrito, a la realidad del Centro, teniendo en cuenta las necesidades de escolarización, evolución de la matrícula o cualquier otra circunstancia acaecida en el centro docente. Y así sigue en la actualidad.


¿Cómo eran los alumnos del ayer?

Éramos alumnos que vivíamos en una sociedad más sencilla que la de ahora. Sencilla en el sentido que había menos cosas para satisfacer la distracción. Esto implica que como alumnos se disponía de una importante posibilidad: la de tener más tiempo para estudiar. Quizás añadir, que por diversas causas aceptábamos antes las correcciones de los mayores.


¿Cómo son los actuales?

Hoy es todo más global. Después del colegio, en casa además de  tener la posibilidad de ver siempre algo por la tele, puede entretenerles cualquier otro artilugio electrónico de los muchos que se tienen. Pueden comunicarse con cualquiera esté donde esté y la comunicación es muy poderosa. Y la calle se les queda pequeña: bicis, motos y algún amigo con coche colabora a favorecer el descuido de sus obligaciones en algunos. Con todo quiero decir que el alumno hoy lo tiene más difícil pues tiene que vencer una serie de distracciones: convenientes, necesarias, agradables... pero que le quita tiempo para lo realmente importante: su trabajo. 

En otro sentido a los jóvenes y niños actuales les cuesta más aceptar las correcciones que los mayores tratamos de aplicar. Si esto en casa hace el funcionamiento, a veces más penoso, pues en la escuela sucede lo mismo.


¿Qué se imparte?

Educación Infantil, Primaria y Secundaria. Hay niños que entran con 3 años y salen al Instituto con 16 para incorporarse a los Ciclos Formativos de Grado Medio o Bachillerato. Hoy hay 350 alumnos y el profesorado se distribuye por las distintas etapas según la ratio legalmente establecida. 


¿Metodología de antes- de hoy? 

El “hoy” nos coloca a la enseñanza en una situación con recursos materiales que antes no había y recursos humanos cada vez más eficaces.

Y el del “antes” podemos referirnos a hace 15-20 años o 30-40., todo era más artesano basado en información y memoria.

Hace tiempo, hablando con alumnos de 8º de EGB y tratando el tema de cómo mejorar, decidimos hacer un concurso en clase para ver si surgía una idea desde la perspectiva de los 14 años que pudiera ayudarles. De ellos salió una frase que resultó imbatible “quien atiende aprende” y yo la recomiendo a mis alumnos y alumnas todos los años.


Su padre Don Tomás ¿cómo influyó en su vida?

Todos los hijos tienen algo de sus padres: los genes son los genes. Y a lo largo de la vida y según las edades, en algunos aspectos anhelamos ser o actuar como ellos. Desde pequeños podemos darnos cuenta que en cantidad de ocasiones actúan con seguridad, toman decisiones difíciles. Opinan con coherencia,  ayudan y respetan a nuestras madres y las valoran, nos dan consejos, nos dan ánimos y confianza en nuestros primeros pasos: en los estudios, en el trabajo, en nuestras relaciones con amigos y amigas y... no acabaría de enumerar. Supongo que de una manera subliminal estas cosas de los padres y otras muchas que están por ahí, van dejando poso en nuestras vidas y, en mi caso, seguro que me habrá pasado.


¿Cómo le gustaría que recordaran sus alumnos su paso por su colegio?

Yo trato de formarlos como personas íntegras y, a ser posible, dotarlos de unos conocimientos que le van a hacer falta para ser competentes en la vida. 

Me gustaría que recordaran su paso por el colegio como ya lo hace y así lo demuestran nuestros antiguos alumnos: con cariño, con respeto y con la justicia que el paso del tiempo otorga, dando valor a lo importante y olvidando lo anecdótico. 


Cuando se jubile ¿qué espera de su centro?

Yo nací en la escuela, en la foto se me ve con mi abuelo que me tiene cogido en brazos junto con los alumnos de la época. La escuela ya estaba cuando yo empecé a andar por ella. Pues desearía que siguiera y pueda haber otra foto en la que yo apareciera con nieto incluido lo cual supondría que la llama que prendió un día D. Tomás, mi padre, sigue viva.


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