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Elisa Martín Crespo
Lunes, 3 noviembre 2014

En las trincheras y sin tarjetas opacas

Se cumple un siglo desde el inicio de la I Guerra Mundial y estoy leyendo un libro de Juan Eslava Galán sobre la contienda, que recomiendo sin reservas. Hay un episodio que me ha llamado especialmente la atención. Navidad de 1914.  Es Nochebuena,  soldados británicos y alemanes están en sus correspondientes e inhumanas trincheras, unos enfrente de otros. De repente, los alemanes empiezan a colocar, a la vista de todos, pequeños árboles de navidad y a cantar “Noche de Paz”. Pasado el natural asombro, los ingleses se animan con los cantos y todos pasan la noche de villancicos, acompañados con dos acordeones. Al día siguiente, Navidad, se deciden a salir en medio de la nieve, entre cadáveres y chatarra bélica, se sonríen, se saludan, intercambian cigarros, chocolate, salchichas y se enseñan unos a otros las fotos de la familia. Son artesanos, agricultores, empleados, funcionarios, a los que no se les ha perdido nada en ese horror y lo que quieren es vivir tranquilos defendiendo su empleo y su pequeña vida. Como nos pasa a la mayoría de las personas de todos los países. Mientras, los dirigentes políticos y los altos mandos militares pasaban la Navidad en casa, confortables,  con su familia, con la mesa llena y cuando se enteran del episodio, no entienden porque no se estaban matando unos a otros y  montan a los responsables los correspondientes consejos de guerra. ¿A qué me suena esto?

Octubre de 2014. Después de más de seis años de una profunda crisis económica, que ha desembocado en casi cinco millones de parados, miles de personas expulsadas de sus casas, ONGs que no dan abasto a repartir comida y ropa, pequeños empresarios cerrando sus  negocio, trabajadores en estado de  pánico y unos jóvenes con el futuro más negro que un túnel…resulta que representantes de los principales partidos políticos (PP, PSOE, IU),  de los dos sindicatos mayoritarios (CCOO, UGT) y patronal (CEIM) llevan todos esos años disfrutando, por la cara, de una tarjeta ilimitada, de la que no tenían que justificar los gastos: 1000 € en una comida, 2500€ en una tarde de Corte Inglés, 2700€ de un “capricho” de joyería, 600€ de una noche de hotel…Eso se suma a los ERE de Andalucía, las cuentas de  Bàrcenas, los cursos fantasmas, la mafia de los Pujol..Vamos casi a escándalo de corrupción por semana, de todos los colores. Es impresionante. El último, al cierre de este  periódico, la Operación Púnica, con más de 50 detenidos entre políticos, alcaldes y funcionarios de varias provincias.

Es decir, exactamente igual que entonces, unos en las trincheras y otros disfrutando la vida a su costa. ¿Aprenderemos algún día?. Aunque parezca mentira, yo mantengo la esperanza.

 

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