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Manuel García Cienfuegos
Última actualización 21:45
Viernes, 31 octubre 2014

Visite el ambigú

Hay cosas por las que el tiempo no pasa. No pasa por los flecos de un mantón de Manila enganchado a los botones de una chaqueta. Ni por un tomate con sal. No pasa por el aire de un abanico. Ni por el olor que desprende el jazminero. Tampoco pasa por el olor a tinta del diario de la almáciga de la memoria y los recuerdos.

Tomás Díez, camarero del Casino, que fue guarda rural, que recitaba de memoria las raciones y tapas que había en la cocina. Cuando en el descanso anunciaban por los altavoces del Teatro Calderón: “Visite el ambigú”. Las cosas más frías que hay durante el año son: el hocico de un perro, las manos de un barbero y… lo dejo a criterio de mis lectores. El Dúo Dinámico, Manolo y Ramón, que actuaron una noche de Feria en el cine Emperatriz de verano. El redondel del Parque Municipal que tanto gustaba a las parejas de novios para contarse allí sus cosas. Toribio Tienza con su DKW, que traía de la estación de ferrocarril a la oficina de correos las sacas con la paquetería y correspondencia.

Andrés y Palomo, camareros en el Casino. Las pinturas que había en la pared, en la zona del altar mayor de la iglesia de San Pedro, en las que se leía: “Los montijanos a su Reina y Madre en el año santo 1953” y “Dejad que los niños se acerquen a mí”. El coche de la marca Skoda que tuvo Pedro Juan Cortés, el primero de esa marca en Montijo. Don Carlos Sbarbi, y su mujer, Delfi, que fue el que hizo la carretera de Montijo hasta Lobón, que por eso lleva su nombre, y el puente hacia La Roca, conocido también por el del “terraplén”. El músico Diego González, unos de los mejores clarinetistas de la Banda de Música, cuando era director don Andrés Mena. Canario, el mulo que tenía Diego Bautista Acevedo, con el que hacía los portes a la estación de ferrocarril. La luz de la lámpara del carburo, del candil y el quinqué. Discos Belter. Cuando en el cine La Concha, de los hermanos Torres, antes de la película y durante el descanso se escuchaba cantando por los altavoces a Rafael Farina “Vino amargo es el que bebo/por culpa de una mujer/porque dentro de mi llevo la amargura de un querer”. Legía Paloma, la mejor para ropa blanca y de color.

Las expresiones: “Le pesan mucho los cataplines” y “Farfolla que eres un farfolla”. El Renault 4 x 4 del médico José María Ruiz Parejo. El Fiat Topolino de don Juan Bauzá Salas, que venía a Montijo en él desde la finca de Morante. La tienda de venta de coches de Talleres Albarrán en la calle Carreras. Las hueveras de plástico que hacían una docena; muy prácticas, que tenían forma de maletita. El estreno en el cine Emperatriz de la película “La gran evasión”. Los llamados pordioseros pidiendo por las casas, que ponían la mano y decían: “Una limosna por el amor de Dios”. Jugando con una cuerda entre las manos para ver cómo con los dedos se lograba hacer una cuna. Los insectos mueren con Fogo.

Manolo Martínez, que tenía la peluquería en la plaza Piñero y realizaba muy bien el salto del ángel en el trampolín de la piscina Cavi. Juanito el calamonteño, que vendía en la plaza de Abastos productos de la huerta que tenía en el camino de la Barca, y en la esquina de la Huertecilla, frente donde ahora está el Conservatorio de Música. Los desayunos el día de la primera comunión. Esteban Romero, que en el bar del cine La Concha vendía la bebida que tenía en un baño de zinc con barras de hielo troceadas, garbanzos tostados, pipas y avellanas. “Sí se te atolla el carro, arrea la mula y suelta un ajo, porque como te andes con dulcina tienes atollaero pa to la vida”. El Seat 1500 de color blanco del médico Paco Quintana. La visita que el general Franco hizo a la fábrica de Corchero, donde fue recibido por su propietario, Felipe Corchero y el director, Enrique Biel Frontiñán. Congelados Catimar. Laxen Busto, tratamiento moderno del estreñimiento habitual. Vaya cerragina que han hecho. La bucheta. Mis hermanitos y yo usamos siempre Polvos Calber. 

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