Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Elisa Martín Crespo
Miércoles, 6 agosto 2014

¿Hablamos?

Dicen que en vacaciones las relaciones sufren una prueba de fuego. Ya no tenemos la excusa del trabajo, el colegio, los horarios, las carreras, el estrés y todas esas situaciones que nos desafían en el día a día y nos llevan  como montados en un caballo desbocado. Un estado que impide muchas veces que tengamos una buena comunicación con las personas de nuestro entorno: todo va cogido con alfileres, a retazos, sin profundizar ni analizar,  porque no hay tiempo.

 

Pero cuando tenemos unos días por delante para disfrutar sin obligaciones y nos ponemos frente a frente con nuestras parejas, hijos, padres, hermanos o amigos,  de repente somos conscientes de las diferencias que nos separan: unos entienden que es el momento de relajar las obligaciones  y otros quieren mantener el orden a toda costa;  para unos prima la actividad  y para otros el descanso; para algunos padres es el momento de disfrutar de sus aficiones, pero los niños entienden que ahora toca dar la lata a los padres para jugar;  los hay que quieren playa todo el día  y otros tienen alergia a la arena;  algunos disfrutan de lo que tienen y otros sufren viendo a sus vecinos irse al viaje que ellos sueñan;  los padres de adolescentes quieren estar con sus hijos pero estos quieren librarse de sus padres…y así podríamos estar hasta el infinito nombrando situaciones que hacen saltar chispas, porque todos estamos convencidos que nuestra forma de ver la vida es la única y verdadera  y que son los demás los que no se enteran de que va la película.

 

Mi propuesta para nuestro tiempo libre es algo sencillo (y barato): hacer alguna estrategia para mejorar nuestra comunicación. Sin lanzarnos a defender nuestras posiciones, como si estuviéramos en las trincheras, creyendo que gana quien impone al final su criterio. Nada más lejos de la realidad. Si uno gana y otro pierde la negociación es un fracaso y se va haciendo una bola que, con el paso del tiempo, cada vez es más difícil de digerir. 

 

Las vacaciones  nos ofrecen  un paréntesis para interesarnos y escuchar cómo está evolucionando nuestra gente, cuales son a día de hoy sus temores, sus expectativas  y que cuestiones  se pueden mejorar para ser más felices. Y también podríamos dedicar un espacio a escucharnos a nosotros mismos, porque quizás hayan cambiado nuestras ideas,  nuestras circunstancias, nuestras perspectivas… y ni siquiera nos hemos dado cuenta con tanto correr. Curiosamente, las opiniones de cada uno permanecen inalterables durante años, a pesar de  que la vida es  un constante cambio.

Tiempo de vacaciones. ¿Hablamos?

Crónicas de un Pueblo • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados.