Viernes, 4 junio 2010

Festivales de Horteras (Bodas y Comuniones)

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Casimiro Muñoz Murillo

En los últimos dos años, he ido a más bodas que en los anteriores diez juntos. La verdad es que la parafernalia de las bodas no me hace nada feliz. No entiendo en el negocio que se han convertido las celebraciones (no me refiero al sacramento, claro, sino a lo posterior) nupciales, bautismales, eucarísticas (primeras y casi siempre últimas); bueno, aquellas todas en las que se exige de etiqueta un sobre o regalo previamente tasado. Y como no lo entiendo, pues no me gusta asistir. Pero por razones, más que familiares en algunos casos, he tenido un periplo de seis bodas en estos dos últimos años.

Una de las cosas que más me admiran y me distraen, para que el cabreo no sea excesivo y acabe haciéndome daño, es el desfile de horteras asistentes. Comenzando por los trajes de los protagonistas en las ceremonias. Más novias que novios y no digamos nada de los pobres niños que solo faltarían ser envueltos en celofán, para que se les pudiera considerar paquetitos de muñecos especialmente horteras, cuando se acercan a la Eucaristía, el sacramento por cierto del compartir.

¿Quién c … ha convencido a novias/os, madres, padres, titas, abuelas, familiares varios, que los trajes o vestidos que se ponen les hacen más elegantes y/o guapo/as? Quién es capaz de convencer a algunos, la mayoría, de que van elegantes como van a estas ceremonias, es un genio. Yo no lo entiendo. No soy especialista en nada de eso, incluso soy malo y como no me preocupa mucho mi imagen, más bien muy poco, no me atrevería a decir qué combinaciones, trapos, diseños, son los mejores. Pero lo que sí tengo claro es que ocho de cada diez, novias-novios que te encuentras en las bodas son unos adefesios en sus vestimentas, que no les favorece para nada, entre otras razones, porque las propias características de los vestidos, son inviables, no ya para las tallas de la gente normal, incluso para modelos. Y no hablo de diseños, sino de simple congruencia física.

Las madrinas, casi el cien por cien, deberían denunciar a quién les vendió los trajes, y no digamos los tocados, dignos de los años más desafortunados de Ascot.

Si echamos una mirada a las fotos de los niños que acuden a participar por primera vez en la Eucaristía, sinceramente, es para reir. No entiendo como padres y madres pueden disfrazar a los niños para participar en el banquete de la justicia y la solidaridad, con algo tan poco justo y solidario, al menos con el buen gusto. Porque, en realidad, es un disfraz lo que se les pone a los niños, ya sea almirante, princesa, capitán … Quedarían geniales en un Carnaval con clase como el de Venecia, pero ¿en un templo religioso? Y además, caro. Cuando hablas con los padres lo reconocen … Hace muy pocas horas, me confesaba un padre que llevaba razón, pero haber quién tenía c … de ponerse contra mujer, suegra, madre y cuñadas varias … Casi que prefiero el disfraz de monje-monja antiguo en las celebraciones de años ha, antes que algunos que he visto.

Cada vez que a lo largo de mi trabajo pastoral he encontrado a chavales con sentido común, novias conscientes de lo que es la elegancia y a gente dispuesta a saber lo que hacen, antes del cómo llamar más la atención, lo he aplaudido. Viva el buen gusto.

1 Comentario
Antonio López Pérez (Montijo)
Fecha: Domingo, 6 junio 2010 a las 14:42
Totalmente de acuerdo con tu publicación Casimiro. Creo que parte de la explicación a esta extraña tendencia al disfraz, es el excesivo bombardeo que los distintos medios de comunicación nos realizan con las ostentosas bodas de famosos, adinerados, Casas Reales, etc..., de las que se siente cierta envidia y se intentan imitar cada vez más (ejemplos, un militar vestido de gala, esas pamelas que esconden casi toda la cara...). Creo que tenemos la oportunidad de acudir a la sencillez y al buen gusto, buscar parecernos a nosotros mismos y fijarnos menos en determinadas clases sociales que no suelen tener elección en ir de otra forma.
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