Viernes, 4 junio 2010
Crónicas de la Radio

ALERTA: ¿Sabemos lo que comemos?

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Elisa Martín Crespo

Próximamente se va a negociar de nuevo el acuerdo los países de Mercosur para aprobar la entrada de sus productos en Europa a unos aranceles más baratos. Se trata de Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil, que traerán a nuestro país carne de vacuno, ovino, pollo, arroz, fruta y hortaliza y vino. Se va a reeditar un acuerdo que fue suspendido en el año 2004, porque era muy lesivo para los intereses de agricultores y ganaderos europeos y que a nosotros, como consumidores nos debería inquietar bastante. Porque Europa, que impone normas rígidas a los suyos, no mide con el mismo rasero los productos que vienen de fuera. Vamos a poner ejemplos: el año pasado se prohibió en España tratar el arroz con malatión, algo que ha supuesto un problema monumental para el productor ya que no se le han dado alternativas para acabar con las plagas. Pero prima la seguridad alimentaria. Hasta aquí el tema parece razonable. Pero se acaba la razón cuando sabes que el arroz que viene de Mercosur, de Marruecos, y no digamos de China, puede estar tratado con malatión o con DDT, a saber, porque en esos países no existe el mismo control. Eso sí, cuando vamos al supermercado, en la misma estantería nos encontramos uno y otro, sin que en ningún sitio se especifique este asunto. Además, como vienen con aranceles reducidos, los nuestros no pueden competir con sus precios. Y no hablemos de la explotación de los trabajadores en estas partes del mundo, porque eso da para otro artículo.

Vamos con otro ejemplo: a una vaca española se le exige una trazabilidad rigurosa. Esto quiere decir que se controla cada paso que da el animal, (crotales, saneamiento, medicamento, desplazamientos). Pero cuando sale al mercado, el filete de al lado es de una ganadería (no europea) que puede haber ingerido, por ejemplo, Clembuterol, una sustancia prohibida aquí hace años por las intoxicaciones que provoca.

El presidente francés Sarkozy ha lanzado ya la pregunta del millón: ¿para qué sirve que Europa imponga normas a los suyos, y siga abriendo sus fronteras a productos de países que no aplican ninguna norma?. Tengamos una cosa clara, cuando compramos un producto europeo, nacional y sobre todo extremeño estamos comprando garantía. Cuando compramos un producto de fuera, podemos estar consumiendo basura. Eso sí, con el beneplácito de nuestras autoridades.

Yo antes pensaba que las normas de la C.E. en este tema estaban orientadas a defender nuestra salud. Pero si permiten que en la misma tienda se ofrezcan productos controlados y productos descontrolados, ya no entiendo nada. También creía que Europa trabaja a favor de sus agricultores y ganaderos, pero después de saber esto (y otras cosas) me quedo dudando. Entonces ¿a quien están beneficiando?. Una vez más hemos llegado al misterio de la política.

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