
“¿Sabéis porque se creo la sociedad?... ¡porque es más fácil soportar a otro que a uno mismo!”
Cada día estoy más convencido de que la vulgaridad está entrando en nuestras vidas a pasos agigantados, por distintos medios pero casi siempre por el mismo concepto, lo mediático y lo más vergonzoso es que somos conscientes de ello y en ningún momento tratamos de evitarlo sino todo lo contrario, le damos nuestro consentimiento. ¡Que fácil es caer en la vulgaridad!
La persona vulgar siempre ha existido en nuestra sociedad pero no de una manera tan masiva como ahora y mucho menos en personas preparadas y supuestamente con una personalidad definida.
La vulgaridad siempre ha sido considerada como el resultado de la mediocridad, yo esto lo pondría casi en duda. Creo que actualmente esto es mucho más grave, no hace falta pertenecer al mundo de los mediocres para convertirte en un ser estúpido y vulgar.
La vulgaridad es darle juego a lo mediático como si te fuera la vida en ello, es perder el criterio e ignorar la valoración justa, es endiosar a personas que brillan como si fueran de plata siendo de acero “oxidable”, es perder la decencia de no saber poner a cada uno en su sitio, es, por poner un ejemplo real y muy mediático, algo tan absurdo como que gane Belén Esteban un concurso de baile bailando menos que una alpargata en una jaula y para colmo, con el dinero de las llamaditas y los mensajes SMS de los espectadores… ¡lo que yo digo, esta sociedad se está embadurnando de vulgaridad!.
Yo me pregunto: ¿como podemos caer tan bajo?. Es completamente incomprensible que nuestras aspiraciones, nuestros objetivos, nuestros ideales estén basado en cuatro programas ridículos y en unos personajes que se tenían que plantear ganarse los garbanzos trabajando dignamente y no comiendo el coco a los espectadores, claro que la culpa no es de ellos sino nuestra porque si no nos gustara tanto andar entre basura pues seguramente la sociedad no olería tan mal ni estaría tan impregnada de mierda.
Se positivamente que luchar contra corriente es duro pero hay que elegir y presentar batalla, sobre todo si tu elección ha sido no dejar que te lleve la corriente de lo absurdo. Por lo tanto, puestos a elegir, nunca sigamos el camino que nos indique una sociedad aborregada sino la que nos indique nuestra propia inclinación, nuestra razón, nuestra sensibilidad, nuestro sensato interior porque con estos pilares, las decisiones siempre estarían basadas en la cordura plena, no olvidemos nunca que la grandeza de espíritu exige la complicidad del corazón y si el corazón pacta con la mente y desarrollan un buen criterio, sabríamos poner a cada uno en su sitio y nos apartaríamos de ese círculo que nos rodea de vulgaridad.
Pienso, para terminar, que la sociedad necesita un soplo de aire fresco porque la vulgaridad es como un polvo espeso y rancio que ensucia todo germen de poesía que debería nacer en el mundo, cada décima de segundo, con el único objetivo de embellecer la vida.