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Por Ana María Moreno Vaquera
Última actualización 18:35
Lunes, 8 abril 2013

Manuela Roque, pasión y copla

Manuela es morena, pequeña, suave. Pero es tan apasionada que desborda todas las expectativas provincianas. A donde llega contagia sus ansiedades. No puede pasar desapercibida porque es su forma de ser. Sabe ser el centro del universo porque lo lleva intrínseco . Es esencia pura y en su boca lleva siempre la palabra libertad. Necesita del calor humano y, como buena artista, las emociones la desbordan y,… sabe contagiarlas. Supo romper esquemas y con su bonhomía sabe conquistar los corazones. Cuando se encuentra con alguien conocido le hace sentirse único e importante y eso, reconozcámoslo, no es lo cotidiano. Sin alma no hay fado, pero sin Manola, estaríamos más aburridos. Cuando el contacto físico ha sido tabú durante generaciones, ella ha sabido romper barreras para trasmitir su emociones porque ella es pasión desbordante. Manuela: mujer, cantante, madre, abuela y todas las fantasías de la literatura y del arte. Ole .

¿Puede presentarse?

“Nací y vivo en Montijo pero mi patria está en mi corazón, en la gente y en los lugares que quiero: en mi familia, hermosa y noble, y en mis amigos, los mejores. El paisaje que prefiero es el humano (aunque me cautiva el encinar extremeño). Me gusta mucho cantar y es así como mejor me comunico. Soy apasionada, indómita, hipersensible, impaciente, un poco loca, utópica por excelencia, activa hasta la extenuación, aborrezco las matemáticas y me fascina la literatura. Me río mucho. Me avergüenza la crueldad del ser humano. No soy rencorosa, doy mil oportunidades para el reencuentro. Mi predilección es mimar a la gente. Las caricias son un gozo para mi corazón. Son muy exigente conmigo misma. No conozco el aburrimiento, siempre me bulle algo en la cabeza. Me gusta más la montaña que el mar. El mar me da tristeza (¡no tiene rincones!), sobre todo al ponerse el sol. Me gusta dialogar, no discutir. Me encantaría tener alas”.


 

¿Cuáles son sus antecedentes familiares y montijanos?

Mis padres son Juan Roque  (topógrafo) y Juana Hidalgo (ama de casa). Soy funcionaria. Mis hermanos son Pedro, Juan Gloria y Paco Roque. Mis hijos, Pablo, Jacinto y Olmo Melara. Mi nieto, Silvio Melara.

Estudié el bachillerato en Montijo, entré la Academia y el Instituto Vegas Bajas. En Barcelona cursé estudios universitarios.

He vivido en Montijo la infancia, la adolescencia y parte de la juventud. Me recuerdo a mí misma correteando por las calles, jugando a la comba y a los cromos, inventando historias, soñando y cantando,  recibiendo y dando amistad y cariño... He sido muy afortunada: siempre me he sentido querida por mi entorno.

También desperté aquí al amor. Fue una tarde de mis diecisiete años en la que un chico de mi pandilla me dijo: ¡El alma no existe! Sus razonamiento me hablaron mucho de él, de su capacidad, de su rebeldía, y su voz susurrante me acarició el oído con una suavidad que me electrizó. Se llamaba Pepe Melara.

Los rincones de Montijo me despiertan  historias vividas,  aunque no perdidas. Las guardo en un cofre mágico que tengo en mi cabeza.

 

Un recuerdo infantil

La alegría que tuve con el nacimiento de mi hermana.

 

¿Cuándo se fue a Barcelona?

Fue después de aprobar unas oposiciones del Estado. Elegí una plaza en un pueblo catalán llamado Valls. Después me cambié a Vilafranca del Penedès y allí pasé a ser funcionaria de la Generalitat.

 

¿Qué lo motivó?

El ansia de libertad e independencia. Esto amplió mi visión del mundo. Me sirvió para aprender una lengua hermosa, para relativizar los criterios, para aprender a hacer radio y propiciar el diálogo entre dos idiomas sin menoscabo de ninguno de ellos...

 

¿Cómo fue su estancia en Cataluña?

Inolvidable. He tenido el placer y el honor de convivir con catalanes y aventar de mi cabeza los falsos clichés que pesan sobre ellos. Muchos de los que he conocido son amigos y un tesoro para mí. Después de veinte años de separación seguimos en contacto, nos queremos y nuestra amistad continúa creciendo.

 

¿Cuándo vuelve a Montijo?

Después de quince años, con un bagaje de vivencias y emociones que me  dejó  el corazón dividido.

Regresé porque la nostalgia me pudo en un momento. Sentí la necesidad de acercarme a mis padres que empezaban a envejecer, a mis amigos de toda la vida, a la sombra acogedora de la encina, a esta música nuestra tan entrañable de las eses aspiradas...

 

¿Qué le hubiera gustado realizar y no lo ha conseguido?

Terminar los estudios de Antropología que tuve que abandonar para atender asuntos más importantes.

 

¿Qué significa la política en su vida?

Tal y como se lleva a cabo, la política me indigna, me asquea. Es un cinismo intolerable. Es una farsa, un juego de palabras vacías, una sarta de mentiras que esconden un monstruo que nos devora con su ansia de poder económico y de dominio.

Yo la concibo como la implicación  libre de todos los individuos en los asuntos colectivos, en pro del bien común, limpiamente, sin delegar en profesionales de la política y prescindiendo de jerarquías.

 

¿Ha militado en algún partido político?

He apoyado en momentos puntuales algo que merecía la pena, siempre que no interfiriera en mis esencias ideológicas. Soy profundamente anarquista, de las que piensan: “Ni rey, ni amo, ni patrón”.

 

¿Ha asumido algún compromiso social?

Me comprometo  diariamente, en cuanto salgo a la calle. Me implico en todo lo que pasa. En todo lo que veo merecedor de atención y falto de justicia.

Hay contravalores que están destruyendo a la humanidad. Yo procuro poner mi grano de arena para defender otros valores que están en decadencia. En lo primero que me comprometí directamente fue en la educación de mis hijos para que adquirieran unos principios que considero necesarios para conseguir otra sociedad mejor. Me rebela la situación de la mujer en el mundo, la miseria de los países pobres. Me indigna la injusticia de la Justicia. Me asquean las desigualdades sociales. Me aterra la violencia. Me angustia la falta de libertad. Me denigra la crueldad del mundo... Y siempre que puedo lo denuncio.

 

Es funcionaria y trabaja rodeada de jóvenes en un instituto.

Voy a mi trabajo como quien va a una fiesta. Me encanta relacionarme con los jóvenes y con toda la buena gente que hay en ese centro. Es muy agradable trabajar en un sitio en donde la plusvalía revierte en la formación de talentos. Las madres y padres vienen a visitarnos como si entraran en sus casas y todos sentimos esa complicidad de tener un mismo objetivo: educar. Hay que defender la Educación y la Cultura; son los únicos bienes que no nos podrán arrebatar.

Doy las gracias a las generaciones de alumnos que han coincidido conmigo en los institutos de Puebla y Montijo, porque me han llenado de vida y alegría.

 

Ha realizado y colaborado en múltiples actividades culturales y sociales.

Es verdad, y es un regalo para mí el poder canalizar así mi energía. Mi trabajo como funcionaria está centrado en la administración del centro y eso es lo que primero atiendo pero, con mis nervios, lo acabo todo enseguida. Las nuevas tecnologías han simplificado tanto la  tarea que tengo muchas horas sin nada que hacer. Y como me avergüenza cobrar sin trabajar, me ofrezco/me reclaman para asumir otras responsabilidades diferentes.

He trabajado más en difundir la problemática de la mujer. Durante muchos años he colaborado en las “Semanas de la Mujer” en las que hemos tratado diferentes aspectos de este tema que me interesa especialmente como mujer que soy. Creo que todas nosotras deberíamos implicarnos en nuestros ámbitos sociales para apoyar a las víctimas del patriarcado frente a violaciones, agresiones, falta de derechos, desigualdades... y animar a las generaciones nuevas para luchar por la igualdad y la libertad de las mujeres del mundo.

 

¿Cuáles han sido sus inquietudes artísticas?

Todas. Me fascina ese mundo, pero hay que ser consciente de las posibilidades y dedicarte a aquello para lo que te sientas más capacitada, en mi caso, la música.

En mi familia siempre han estado presentes la música, la pintura, la poesía... Mi padre era músico. Las melodías de su clarinete fueron la música de fondo de nuestra infancia. Era también aficionado a la poesía y la pintura, y se esforzaba en  transmitirnos ese gusto suyo por el arte. Mi madre, que tenía muy buenos oído, voz y vista, desde la cocina captaba enseguida sus fallos y se los corregía en voz alta.

También me gusta la pintura pero, aunque el dibujo se me da bien, un lienzo es ante mí un muro infranqueable. ¡Qué trauma tengo con eso de la pintura! A la pintora que quise ser se le rompió el lienzo, a la bailarina se le quebró un tobillo, a la pianista le sobraron muchas teclas. En fin, lo que hago es escribir y cantar...

Pero bueno, tengo un hermano, un marido y unos hijos tan fecundos  que no dejan de crear en cada uno de sus campos, y eso a mí me afecta muy positivamente.

 

¿Recuerda su primer poema?

Sí, una rima de Bécquer que me recitó mi padre cuando yo tenía siete años. Eso me incitó a leerlas todas y llegué a aprendérmelas de memoria. Creo que eso influyó en la visión romántica que tengo de la vida.

 

¿Qué significa la música en su vida?

La música para mí tiene una presencia constante y es el mejor modo que tengo para comunicarme emocionalmente con la gente. El arte en general me aporta espiritualidad y belleza.

 

¿Cuál es su formación musical?

Oficialmente superé el primer curso de piano en el conservatorio, pero sobre todo he aprendido de la experiencia. Llevo muchos años cantando y he ido depurando cada vez más mi técnica, aprendiendo de mis propios fallos o aciertos y también del ejemplo de grandes cantantes.

 

¿De qué fuentes ha bebido?

En la infancia aprendí dulcemente todas las coplas y tangos del mundo. Mis padres, que cantaban de maravilla, me dormían con las músicas de su tiempo. En la adolescencia mi hermano Pedro y yo tuvimos la suerte de disponer de la discografía de Serrat que compartían con nosotros las hermanas  Pajuelo. A través de ellos también llegó mi interés por otros poetas como M. Hernández y A. Machado.

 

¿Siente pasión por el fado?

Más que por el fado siento una gran admiración por Amàlia Rodrigues. Tiene una voz suave y melancólica, con un timbre hermosísimo y muy personal, que transmite mucho sentimiento y nunca cansa. Alguna vez, escuchándola me han surgido lágrimas tranquilas y placenteras.

 

¿Sus estilos musicales?

Soy muy ecléctica, así es que me gusta casi todo lo que está bien hecho en baladas, tangos, coplas, flamenco, canción de autor. Atendiendo a mis gustos y a mis sentimientos en cada etapa de mi vida.

 

La primera vez que se sube a un escenario

Era muy pequeña porque yo no me acuerdo. Mi madre me cuenta que tuvieron que subirme en una mesa para que se me viera y así canté. La  primera vez que yo recuerdo tenía unos siete años y fue en un teatro infantil, casero, que se hizo en el antiguo cuartel de la Guardia Civil. Yo, como final de fiesta, me puse a cantar tangos. Advertí cómo los guardias (padres de mis amigas) lloraban emocionados. Después me abrazaron con ternura agradecidos (¡quién me lo iba a decir a mí!)

 

Su primer concierto

Cuando tenía quince años actué en el teatro Calderón de Montijo acompañada por primera vez por una orquesta, la “Monty”. Como anécdota recuerdo que aquel día, Luis Núñez, entre bambalinas, pugnaba por cantar también. ¡Me dio una lata el tío! (un beso para él,  compañero de tantas cuitas y venturas)

 

Sus músicos han sido:

Pepe Melara, Antonio Pizarro, Pepe y Alfredo Varela, Pedro Álvarez, Samuel Cabezas,  Luis Núñez, Kini Giménez, Javi Mugave, Álvaro Fernández, César Bayón, Blas Barroso, Rafael Rabay.

Melara es el motor de todo el grupo, el creador de músicas y arreglos, perfeccionista obsesivo,  el que tira de mí cuando desfallezco y me baja los humos cuando me subo a la parra. Sin él no habría grupo. Es el padre de todo esto. Aunque él dice que sólo lo hace por verme cantar desde la fila “menos uno”.

Antonio es imprescindible por su gran capacidad de organización y dirección. Siempre está pendiente de todo y como instrumentista tiene una gran seguridad y gusto. Es uno más de nuestra familia.Los tres iniciamos el grupo  y actuamos solos durante mucho tiempo.

Todos los demás son excelentes músicos y mejores amigos.

 

Sus discos son:

Fruto de ilusiones. El primero,  Dos voces-Duas vozes, surgió en Puente Ajuda, sentados a cielo abierto una noche suave de primavera, alrededor de un fuego en la orilla española del Guadiana, con amigos y vino. De pronto nos llegaron lamentos musicales desde la otra orilla. Ese  entorno y ese sonido nos pusieron delante a Amàlia Rodrigues. La emparejamos con otra diosa como es Chavela Vargas y nos pusimos a trabajar. El segundo fue fruto de un arrebato de rabia. Carlos Cano había muerto y era muy apreciado por nosotros. Un hombre socialmente comprometido, honrado, trovador del pueblo, sencillo, sensible y valiente. En homenaje a su memoria titulamos el disco De carne y Verso.

 

¿Cómo vive sus actuaciones?

Como si en ellas me fuera la vida. Es un gozo telúrico, un volcán de adrenalina, un diálogo intenso mucho más allá de las palabras. Son un parto en el que concentro toda mis energías. Y un post-partum cuando me despierto al día siguiente.

No hay mejor momento que estar en el escenario y sentir como consigues aflorar  sentimientos, amasarlos, fundirte con las corrientes emotivas que inundan la sala...

 

¿Cómo se las prepara?

Las ensayamos durante días en mi casa, en torno a una mesa con vino y viandas. Como una reunión de amigos que disfrutan mientras trabajan..

 

Es una mujer expresiva y apasionada en todos sus actos.

Sí, soy muy apasionada. Lo vivo todo desde muy adentro pero mi pasión tiene dos vertientes: una positiva y otra negativa. Una que me hace vivir y otra que me hace morir. Me apasiona la vida, la adoro, me entrego a ella sin condiciones, bebiéndola a grandes tragos como recomienda Bertolt Brecht. Pero a veces son tan grandes los tragos que me atraganto. Me lleno de alegría, reboso felicidad y al final... desvarío. Todo tan intenso que me quedo extenuada. Y, es verdad,  también soy expresiva y transparente, expuesta a que cualquiera pueda leer en mis gestos y en mis ojos lo que pienso y siento.

 

¿En qué ha podido cambiar su percepción vital desde su adolescencia hasta esta edad adulta?

En la adolescencia, por ejemplo, la muerte era una absoluta desconocida. Ahora cada vez me es más familiar. Ya nos tuteamos.

 

¿Se siente realizada como mujer?

Hasta donde influyen las circunstancias me siento realizada, no ya como mujer sino como ser humano. Conozco muchas cosas de mí, tanto de mis capacidades como de mis carencias. Nunca se llega a donde se quisiera, pero siempre he avanzado, y lo hago como Ulises iba hacia Ítaca: me importa más el camino que el destino. En el camino encuentro cosas que son valiosas y otras que no merecen la pena, son baratijas. A estas las bandeo y las ignoro. Creo que tengo ahora capacidad de llevar las riendas de mi vida. He conquistado mi libertad y cada vez tengo menos miedos, menos prisiones, más alas.

 

Amigos y enemigos

Sólo cuento a los amigos, que son muchos y buenos. Los de toda la vida y los que se han ido incorporando. Nuestra relación es tranquila y siempre que podemos nos reunimos para celebrar la amistad. Nada nos exigimos y nada nos negamos.

Los enemigos no existen, porque lo que se ignora no existe.

 

¿Ser mujer le ha impedido hacer algo?

Sí, pero lo he compensado.

 

Extremadura o Cataluña.

Ahora te voy a contestar como lo haría mi madre: ¡Qué dedito me cortara que no me doliera!

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