CARTAS DESDE EL NORTE
Donde el corazón te lleve
Perdonarme si no inicio esta carta como lo tengo por costumbre. Ya os habréis enterado del drama que me sacudió la noche del 12 al 13 de Marzo.
Esa infausta noche, mi madre, Antonia, con 84 años, nos dejaba en este valle de lágrimas y lo hacía de forma apacible, confortada con los besos y abrazos de sus hijos. 20 minutos de lucha contra la muerte por parte de los técnicos del 112, intentando reanimar su parado corazón, no consiguieron el éxito. Se fue plácidamente y sin sufrir hasta el punto de quedarle un gesto de infinita paz. Vivió y murió como una buena persona y fue, como todas, una muy buena madre y abuela. Un infarto agudo se la llevó en no más de dos minutos, ahora que empezaba a disfrutar de su casa recién pintada y redecorada y de su asistente de Ayuda a Domicilio que la trataba como a una amiga más en su agenda de trabajo.
Permitidme que utilice este medio para airear mi corazón dolorido por la rapidez de los hechos que jamás, hubiéramos esperado con este desenlace. Y permitidme también que aproveche para significar y agradecer las múltiples llamadas de apoyo y cariño de mi gente de Montijo y Comarca. He llegado a sentirme agobiado hasta el punto de auto-convencerme de no ser merecedor de tanto afecto y quiero reconocer públicamente que esas llamadas, mensajes y la presencia de mi gente para acompañarme, me llenan de orgullo y me ayudan a pasar este duro trance. Gracias a todos.
Antonia fue muy buena madre y abuela. Era bisabuela desde hace casi 2 años, pero no logró conocer a su biznieta. Cuando se pasa por estas circunstancias se espera que la vida nos trate como tratamos a los demás. Esa fue la única pena que le quedó en sus últimos días junto a nosotros porque el resto fue una buena vida tras sentirse arropada por sus hijos y nueras.
Sí; pero ya, lo único que nos importa, es el recuerdo que nos ha dejado. Siguiendo su ejemplo perdonamos pero… ni podemos olvidar, ni olvidaremos.
Viajó, conoció y disfrutó. Fue la madre y esposa perfecta y se entregaba en la ayuda a los demás. Era el fiel de la balanza ante cualquier problema por pequeño que fuera y se especializó en apretar los nudos que se aflojaban. Se le escapó el único en el que le falló la voluntad de las partes. Te voy a echar mucho de menos aquí pero sé que me esperas allá donde el corazón te haya llevado. Como siempre has sido paciente y te has conformado con lo poco que te ha dado la vida, se que nos esperarás uno a uno y, de alguna manera, sabrás poner a cada cual en su sitio con la dulzura con que siempre lo hiciste.
Solo me queda una duda…si te he dicho que te quería las suficientes veces. Gracias mamá y gracias a mi buena gente de Montijo y comarca.
Esa infausta noche, mi madre, Antonia, con 84 años, nos dejaba en este valle de lágrimas y lo hacía de forma apacible, confortada con los besos y abrazos de sus hijos. 20 minutos de lucha contra la muerte por parte de los técnicos del 112, intentando reanimar su parado corazón, no consiguieron el éxito. Se fue plácidamente y sin sufrir hasta el punto de quedarle un gesto de infinita paz. Vivió y murió como una buena persona y fue, como todas, una muy buena madre y abuela. Un infarto agudo se la llevó en no más de dos minutos, ahora que empezaba a disfrutar de su casa recién pintada y redecorada y de su asistente de Ayuda a Domicilio que la trataba como a una amiga más en su agenda de trabajo.
Permitidme que utilice este medio para airear mi corazón dolorido por la rapidez de los hechos que jamás, hubiéramos esperado con este desenlace. Y permitidme también que aproveche para significar y agradecer las múltiples llamadas de apoyo y cariño de mi gente de Montijo y Comarca. He llegado a sentirme agobiado hasta el punto de auto-convencerme de no ser merecedor de tanto afecto y quiero reconocer públicamente que esas llamadas, mensajes y la presencia de mi gente para acompañarme, me llenan de orgullo y me ayudan a pasar este duro trance. Gracias a todos.
Antonia fue muy buena madre y abuela. Era bisabuela desde hace casi 2 años, pero no logró conocer a su biznieta. Cuando se pasa por estas circunstancias se espera que la vida nos trate como tratamos a los demás. Esa fue la única pena que le quedó en sus últimos días junto a nosotros porque el resto fue una buena vida tras sentirse arropada por sus hijos y nueras.
Sí; pero ya, lo único que nos importa, es el recuerdo que nos ha dejado. Siguiendo su ejemplo perdonamos pero… ni podemos olvidar, ni olvidaremos.
Viajó, conoció y disfrutó. Fue la madre y esposa perfecta y se entregaba en la ayuda a los demás. Era el fiel de la balanza ante cualquier problema por pequeño que fuera y se especializó en apretar los nudos que se aflojaban. Se le escapó el único en el que le falló la voluntad de las partes. Te voy a echar mucho de menos aquí pero sé que me esperas allá donde el corazón te haya llevado. Como siempre has sido paciente y te has conformado con lo poco que te ha dado la vida, se que nos esperarás uno a uno y, de alguna manera, sabrás poner a cada cual en su sitio con la dulzura con que siempre lo hiciste.
Solo me queda una duda…si te he dicho que te quería las suficientes veces. Gracias mamá y gracias a mi buena gente de Montijo y comarca.



















