Tengo que dar las gracias por lo bien que atienden a mi abuelo las personas designadas por el ayuntamiento para cuidarlo porque está ya muy viejecito y casi no puede moverse.
Hay que ayudarlo a levantarse y a dar unos pasitos, ya sólo por el pasillo porque sus fuerzas no le permiten llegar hasta el banco, donde hasta hace poco se sentaba con sus amigos a fumarse, a escondidas, un cigarrillo.
Son maravillosas las que me han tocado, por eso me enfado cuando escucho que “algunas
no cumplen como debieran, no dan las horas que debieran, o que intentan cobrar
por servicios extras”. No es justo intentar aprovecharse de estas
circunstancias. Ellos, por su edad o por su bondad, no dicen nada, claro, hasta
que alguien se da cuenta y…
De todos modos yo me quedo con el cariño con el que tratan a mi abuelo y
lo bien que lo atienden, porque por unos pocos, no se debe empañar la
labor de todo el grupo. Eso sí, el que la haga, que la pague.